29 DE OCTUBRE. Miercoles
El vuelo, que en
principio partía a las 15,30 horas, nos lo adelantaron a las 11,30 sin previo
aviso. Fue un hallazgo casual comprobando los horarios. Esa hora era infinitamente
mejor que la primera ya que con esta llegaríamos a las 13,30, con luz y tiempo
suficiente para alquilar el coche y hacer el trayecto hasta Los Llanos. Con el
horario inicial en el que tomábamos tierra a las 17 horas, nos veríamos
obligados a dejar el aeropuerto entrando la noche, con la dificultad que entraña
conducir un coche desconocido, por carreteras sinuosas y también desconocidas,
así que nos vino francamente bien.
El vuelo estaba
completo y cuando desembarcamos nos sumamos a la cola que se formó frente a
Cicar, agencia con la que siempre contratamos nuestro coche. En unos 20 ó 30
minutos nos dieron el contrato y las llaves de nuestro coche del que solo
sabíamos la marca, un Peugeot 2008, la matrícula y donde se encontraba. Y si
bien lo encontramos sin dificultad, el problema vino después, cuando nos
encontramos un navegador en alemán al que apretando botones y por ensayo y
error conseguimos ponerlo en español y lo siguiente fue no encontrar el freno
de mano hasta que nos dimos cuenta que no lo tenía, era un simple botón.
Adaptarnos a su tamaño, grande para nosotros, fue lo de menos. Luego, un poco más de lo siempre, la sensación de
desprotección que se siente cuando te encuentras ante algo desconocido y sin
nadie que te pueda ayudar. Nos hacemos mayores, sí, pero tampoco el entorno nos
facilita las cosas. Si alquilan muchos coches, también ganan dinero por ellos y
lo lógico sería pensar que deberían tener personal suficiente para atender a
sus clientes, al menos en casos puntuales, para darles unas primeras
orientaciones. Pero no es el caso. Así, ganan más. Es la primera vez que cuando
alquilamos un coche nos dan las llaves y se despiden de nosotros. Y eso
coincide cuando quizás más ayuda se necesita. Hemos de adaptarnos a los nuevos
tiempos, pero a veces, no nos lo ponen nada fácil.
Iniciamos nuestro
camino hacia nuestro alojamiento, los bungalow “el paradiso” en Tazacorte. No
nos gustan los hoteles, preferimos casas donde podamos “pisar tierra”. En
cuanto al resto, no somos muy exigentes, con que el tamaño sea adecuado y esté
limpio, es suficiente. Este lugar parecía cumplir con lo exigido. La costa Oeste
parece disfrutar de mejor clima que la costa Este y Tazacorte está en el centro
de la Isla por lo que los desplazamientos serían más fáciles, conociendo la
complicada orografía de las islas.
Antes de poner rumbo definitivo a nuestro alojamiento, encontramos un Mercadona y un lidl, así que decidimos hacer una parada para aprovisionarnos de lo necesario para unos cuantos días.
Como el navegador del coche no parecía que funcionara bien, decidimos utilizar el nuestro de google map y por una carretera tortuosa pero buena y muy hermosa llegamos en unos 45 minutos a nuestro destino. Pero cuando llegamos el navegador indicaba una entrada por una especie de pista en obras en una zona llena de maquinaria y que parecía llevarnos a la nada, así que pensamos que estaba equivocado y continuamos. Después de dar alguna que otra vuelta, decidimos llamar al alojamiento que nos indicó la entrada. Era la misma que habíamos rechazado inicialmente.
Nos introdujimos por este
camino/carretera hasta llegar a una zona con unas cuentas viviendas
unifamiliares . Tras un trayecto muy
corto, encontramos una media docena de aparcamientos y una puerta que coincidía
con las indicaciones que nos había facilitado el alojamiento. La traspasamos y siguiendo de nuevo sus
instrucciones encontramos nuestro bungalow, el número 6.
Y mientras nos
dirigíamos a él nos sorprendió ya la tranquilidad y belleza del sitio, que
parecía un oasis o vergel en medio de la nada. El jardín estaba cuidado con
plantas hermosas algunas en floración y el suelo estaba formada por pequeñas piedras de lava. Frente a nuestro
bungalow se abría una amplia vista hacia el océano atlántico.
El diseño de los
bungalows, en zigzag, hacía que no se compartieran paredes con los vecinos, así
como permitir mantener la privacidad. La disposición de las plantas ayudaban a
esto último también.
Serían las 16 horas cuando llegamos y cuando terminamos de instalarnos cerca de las 17, por lo que decidimos no comer y esperar a la noche. Mientras, recorrimos los exteriores y descubrimos al fondo la silueta del volcán Tajogaite, el último en erupcionar, y la colada descendente.
Comprobaríamos después con sorpresa, que nos encontrábamos
en el medio de la trayectoria de esta colada
que unos 50 metros antes de este grupo de viviendas, detuvo su marcha abriéndose por
ambos lados hasta abrazarlas siguiendo
después su curso hacia el mar. Junto a
los bungalow y a un lado, una franja de plataneras que también parecían haberse
salvado de la furia del volcán.
Tras disfrutar de una hermosa e impresionante puesta de sol desde nuestras hamacas, decidimos cenar e irnos a descansar sin variar el “horario peninsular”, así que a poco más de las 22 horas (las 23 peninsulares) nos fuimos a la cama.
30 DE OCTUBRE, jueves
El día amanece entre
nubes y sol pero las previsiones no eran buenas para otros puntos de la isla y
únicamente parecía salvarse la zona sur, donde se halla en volcán San Antonio y Fuencaliente y para allá pusimos rumbo
sobre las 8,30 de la mañana.
Por buenas carreteras y nuevas, que al principio discurrían por
encima de la lava del Tajogaite, llegamos a Fuencaliente y de allí nos
dirigimos al centro de interpretación del Volcán San Antonio. Ahora, se paga
por visitar los centros de interpretación, que ya no visitábamos cuando eran
gratis o echábamos un vistazo rápido, así que ahora, me atraían menos, pero era
indispensable para acercarnos a la boca del San Antonio cuya erupción tuvo
lugar en el siglo XVIII.
Así por un camino cuidado nos asomamos al impresionante cráter de este volcán, hoy ya cubierto de vegetación y desde el mirador, un poco más adelante, pudimos disfrutar de una vista parecida a la que tuvimos 43 años atrás: el volcán Teneguia cuya erupción fue en 1971. Entonces la lava sepultó bajo un manto de 4 m una superficie de 2.845.000 m2 y su derrame ganó terreno al mar pero no afectó a ninguna población aunque sí produjo daños materiales a los cultivos de la vid de la zona y también destruyó una playa.
Cuando hace 40 años estuvimos aquí, no existía el centro de interpretación y nos internamos con nuestro suzuqui alquilado por las pistas abiertas sobre la lava. Después caminando, ascendimos por la ladera hasta su boca. De regreso, en una vaguada nos quedamos parados con el Suzuky y cuando intentamos subir, comenzó a patinar. Las piedrecillas de lava saltaban por todos los lados. Debimos de dejar los bajos del coche muy lijados, igual que el reloj “Casio” de Angel que empujaba mientras yo aceleraba intentado salir de donde la inconsciencia de la juventud nos había dejado. Lo conseguimos, pero fue una mala experiencia ya que además esto ocurrió por la mañana y el vuelo partía ese mismo día por la tarde.
Y hago un paréntesis en el relato para regresar en el tiempo. Hace 40 años comencé mi vida laboral en Las Palmas de Gran Canaria. Entonces tenía 23 años y había ganado una oposición que me obligó a trasladarme allí. De hecho, yo lo hice porque hubo muchos antes que yo que renunciaron. Así que estuve viviendo en la isla de Gran Canaria desde diciembre de 1983 a Septiembre de 1984. Esto nos permitió a Angel y a mi emprender nuestra vida juntos. El …también ganó una oposición y su puesto estuvo en Alcañiz durante un curso escolar. Así que después de casarnos en diciembre de 1983, nos fuimos a pasar la “luna de miel” al apartamento que yo había alquilado con una compañera de facultad de Angel en Las Palmas y permanecimos separados por 3000 kilómetros nueve meses. En esos meses aprovechando algún puente en el que Angel se desplazaba a la isla, visitábamos otras como Tenerife, Lanzarote y La Palma, aunque muy superficialmente. Para la Palma, pedimos una tienda de campaña y la montamos la primera noche en la playa de Tazacorte. Apenas conseguimos dormir, así que a la noche siguiente buscamos alojamiento en Los Llanos. No estuvimos más de tres días en la isla por lo que no conocíamos mucho de ella. Esta era ahora nuestra oportunidad.
Y regreso al relato.
Desde el centro de interpretación nos dirigimos a las salinas. Aparcamos junto al faro. Aquí no estuvimos entonces y
ahora descubrimos un lugar con la belleza que ofrecen los contrastes vivos de
colores, entre el blanco de la sal y el azul añil del océano, o el rosa pálido de
algunas pozas debido a la alta concentración de microorganismos, como un alga y
bacterias que producen pigmentos rojizos o rosados. Sin prisa, disfrutamos de la contemplación de este lugar para poner luego rumbo a la playa de Echentive surgida de la
erupción del Teneguia.
Dejamos nuestro coche arriba y descendimos por unas escaleras para luego caminar hasta acercarnos al mar, donde nos sentamos a contemplar su movimiento, el lento ir y venir de las olas, pausado, lamiendo la arena negra. Es una hermosa playa salvaje.
Al regresar me sentí
atraída por unas puertas metálicas y oxidadas que deduje que sería el acceso a las aguas
curativas de la Fuente Santa, un manantial que fue sepultado por una erupción
en 1677 y redescubierto en el 2000 y sobre el que hay un proyecto de creación
de un balneario. Al lado había una pequeña charca y sentí curiosidad por saber
si era de agua salada. Pero, no me dio tiempo ya que engañada por una capa que
cubría las rocas, no pude ver que debajo eran muy resbaladizas así que resbalé
y caí parando el golpe no solo con mi trasero, sino con el brazo izquierdo. Y
ya tengo dos tendones rotos. Dolor e incapacidad para levantar el brazo más de
20 cm.
No me podía creer lo
que había pasado, en solo un segundo, pese al cuidado que pongo, renunciando a
jugar al tenis para proteger los tendones que me quedaban sanos. Angel habló de ir al hospital o centro de urgencias pero lo rechacé. Allí
solo me podrían hacer una radiografía y
lo que yo creía necesitar era un ecografía para lo cual debería solicitar una
cita en una clínica de traumatología y cuando me la quisieran dar, ya estaría de vuelta. Pensé
que lo mejor sería esperar y ver como transcurría la noche y como estaba al día siguiente. Si había
fractura, debería doler, y no dolía. Ahora debería buscar algún
antiinflamatorio que compré en una farmacia, pero estos medicamente aumentan la
tensión arterial, por lo que, aun después de haberlos comprado, me tuve con
conformar con paracetamol que es solo para el dolor y tratar de pasar la noche
bien. Y en casa ya, utilicé un remedio casero: había comprado unas verduras
congeladas y fue lo que usé para ponerme en el hombro. Hasta me dio pena
comérmelas al final de nuestra estancia.
Adelanto que la
evolución fue buena, recuperando poco a poco movilidad, aunque no pude conducir
en toda la semana. Y mientras, solicité cita de traumatología y una ecografía
para cuando volviera a casa.
Pero las visitas estaban completas y no se podían reservar. Había que personarse allí el día elegido. Esto suponía un inconveniente añadido al hecho de que ya habíamos visitado un tubo volcánico en la Isla de Tenerife y además, había mucha gente. Decidimos que si nos sobraba tiempo haríamos esta visita, que nos parecía prescindible.
La hora en que
terminamos nuestras visitas, posibilitó
que pudiéramos comer en casa para luego plantearnos alguna actividad para hacer
por la tarde. Como vimos que el tiempo estaba bueno, pensamos en acercarnos al Mirador de la Cumbrecita, en la Caldera de Taburiente, cercana a
nuestro alojamiento. Por teléfono nos confirmaron que el tiempo estaba
despejado. Para acceder a este mirador por las mañanas es
necesario hacer una reserva online ya que el aparcamiento tiene un espacio
limitado. Y así lo habíamos hecho para el viernes por la mañana. Pero por las
tardes no era necesaria esta reserva así que decidimos arriesgarnos.
En pocos minutos y
dejando atrás el centro de interpretación, la carretera nos acerca a las
formaciones montañosas y nos adentramos en una zona boscosa poblada de pino canario.
Entramos en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Ascendemos por la
carretera hasta llegar al mirador de la Cumbrecita y aunque el aparcamiento era
pequeño había plazas libres.
Pedimos consejo al
agente forestal de la caseta para caminar alguna ruta y nos recomendó dos, una
que nos llevaba al mirador de la cumbrecita y otra que salía del parque y nos
llevaba por el Barranco de Juan Mayor, que aunque fuera del parque, era
hermosa.
Comenzamos por el de la Cumbrecita. Una senda empedrada nos desciende hasta este espectacular mirador. Desde aquí, nos asomamos a un balcón natural que se queda colgado ante el abismo de la caldera, una imponente cuenca natural de seis kilómetros y medio de diámetro abierto en el corazón de la isla y desde donde podemos admirar la impresionante belleza de la caldera con pendientes pronunciadas cubiertas de pinos. Pocas nubes por lo que las vistas son espectaculares y sobrecogedoras.
Ahora tenemos que deshacer el camino de bajada, pero en ascenso y nuestras piernas lo notan. Cerca de la caseta y del aparcamiento y siguiendo las indicaciones del guarda tomamos una pista que sale a nuestra izquierda y que igualmente desciende aunque ahora nos salimos de la caldera, pero la senda es igualmente hermosa. Continuamos en descenso, suave en general pero pronunciado en algunos puntos y siempre pienso lo mismo, todo lo que baje, he de subirlo.
Y llegamos a otro bonito balcón que se asoma a este barranco y nuestra vista casi lo consigue abarcar. Un banco invita al descanso, pero si nos sentamos…yo posiblemente no consiga levantarme. Pese a que se puede continuar la senda, como habíamos alcanzado nuestro objetivo y eran ya las 17 horas, decidimos regresar. El sol se pone a las 18,30 y no era cuestión de que nos alcanzara la oscuridad. Y de nuevo nos enfrentamos a las duras subidas.
Estábamos cansados,
habíamos caminado 18.000 pasos de los míos, (lo normal suele ser unos 10 o
12.000) así que a las 22 horas (las 23 hora peninsular) nos fuimos a la cama.
Yo con 1 gramo de paracetamol en previsión de que me pudiera doler y me
despertara, lo que no ocurrió durante la noche aunque sí tuve los “despertares”
que siempre tengo y que suelen ser dos o incluso tres, retomando el sueño
después.
31 DE OCTUBRE, viernes
Sobre las 8,30 estamos
poniendo rumbo Noroeste con la primera parada en el mirador de El Time. Yo sigo como ayer, no puedo elevar el brazo más
de 20cm así que Angel está obligado a conducir todo el tiempo.
Descendemos una
horrible cuesta, como todas aquí que son pronunciadas, con curvas y al final
sorteando coches aparcados y cruzando los dedos para no encontrarnos ninguno de
frente para comenzar la subida hacia este mirador. Buena carretera pero
retorcida y siempre en pendiente.
Desde este mirador se
tienen unas espléndidas vistas que abarcan todo los Llanos de Aridane, los inmensos
cultivos de plataneras, el volcán Tajogaite y su colada y el océano. Desde aquí
también se emitieron noticias sobre la erupción del volcán. Lástima que la luz
es muy mala ya que tenemos el sol de frente y las fotografías que tomamos no
son buenas.
Seguimos camino de Porís de la Candelaria. La carretera
está en obras y está cortada a intervalos por un semáforo que da paso en sentidos
alternativos. Y sigue siendo retorcida y ascendente.
Y llegamos a Tijarafe. Recuerdo que estuve pensando en la posibilidad de alojarnos aquí ya que eran
casas rurales algo más atractivas que un bungalow o mucho más que un apartamento,
pero las curvas que mostraba google map me disuadieron. Y me alegro de haber tomado esa decisión ya
que desde aquí hasta donde nos alojamos ahora hay 40 minutos de conducción que
habría que sumar todos los días en nuestros desplazamientos exceptuando aquellos,
como hoy o el domingo que viene, que dirigiéndonos
al noroeste de la isla circularíamos por aquí. Me alegro de mi decisión ya que
el actual alojamiento es tranquilo, agradable, goza de unas espectaculares
vistas y además su situación es estratégica para movernos por toda la isla.
Desde Tijarafe parte
la carretera que nos acercaría a Porís de la Candelaria. El navegador nos
indica una calle por la que nos metemos y comienza un fuerte descenso que luego
se suaviza algo, por lo que continuamos. Pero en un momento determinado, este
descenso, en línea recta, se hace mucho más pronunciado y la carretera se
estrecha, por lo que Angel se detiene y dice que no le gusta. Preguntamos a una
señora y nos confirma que por ahí se baja y se puede bajar y que de hecho, dice
textualmente que “da miedo los coches que bajan por aquí” así que pensando que
otros lo hacían y que nuestro hijo David también lo había hecho, nos lanzamos.
Pero aquello empeoró
considerablemente, con curvas que cambiaban de sentido y un tamaño que
únicamente permitía el paso de un solo turismo, y no exagero nada. Pasamos
entre dos plantaciones de plataneras y Angel me comentó que le sudaban las
manos. Frente a nosotros se abría una estrecha carretera, con curvas que
cambiaban de sentido y el mar al fondo. Me daba la impresión de que podíamos
salir volando, así que justo después de las plataneras y cuando habíamos hecho la
mitad del camino, dos kilómetros, decidimos darnos la vuelta ya que aquí podíamos
y posiblemente si seguíamos nos arriesgábamos a no poder hacerlo. Nos vimos
obligados.
Llegados a un punto
donde se inicia un ascenso pronunciado en línea recta con una pendiente del 30%
por donde habíamos descendido, el navegador nos indica una pista forestal que
sale a nuestra izquierda, estrecha, pero al menos dejamos atrás esa tremenda pendiente. Y no
soy capaz de recordar si en este punto hay alguna señal de prohibición que
obliga a ir por la pista. Y sin mayores dificultades que ir despacio, retomamos
la carretera.
Cuando hablamos con
nuestro hijo nos dijo que ellos habían llegado por barco. Entonces, en una
época cercana a la pandemia, la excursión fue barata. Ahora, superaba los 60
euros por persona y la vendían con el atractivo de ver delfines. Y nosotros,
hemos visto ya bastantes así que no nos seducía la idea de andar navegando en
busca de estos maravillosos mamíferos en
un barco lleno de guiris.
Yo no quería abandonar
la idea de ver Porís, por lo que dije a Angel que preguntáramos a alguien si nos quería bajar, abonando claro
está, el importe correspondiente, pero no tuvimos oportunidad, no vimos a nadie
así que decidimos continuar nuestro camino hacia el Norte, hacia Puntagorda.
Pero se sumó otra dificultad: la carretera estaba cortada por obras un poco
antes de esta localidad por lo que el navegador nos desvía por otra secundaria,
retorcida y estrecha que nos lleva dando mucha vuelta. Bonita, pero incómoda. Y
añadimos que el navegador nos confunde más de una vez, obligándonos a dar la
vuelta y a reorientarnos.
Habíamos decidido ir a
Las Tricias, a un bosque de dragos que nos cuesta
localizar. Y mucho. Pero insistimos ya que aquí se encuentra la mayor
concentración de dragos de todo el archipiélago canario.
Leyendo relatos
descendemos en dirección Buracas, como no, por una carretera estrecha y con
fuerte pendiente. Luego seguimos una indicación de “museo del gofio” hasta llegar
a donde el relato nos indicaba. Únicamente hay tres sitios para aparcar y por
suerte teníamos uno, así que dejamos el coche a un lado de la estrecha
carretera y caminando hacia atrás llegamos a la marquesina de una parada de
autobús (¡madre mía que por aquí vienen autobuses!), atravesamos unas casas por
una pista ancha, hasta que una señal nos indica un camino de piedras que
desciende pronunciadamente,(qué novedad)
hacia este bosque que se encuentra en un barranco.
Y vamos encontrando dragos, algunos de un gran porte. No habíamos visto nunca tantos dragos juntos. No se trata de la idea que tenemos de un bosque, de unos pegados a otros. Están en grupos de dos o tres, pero merece la pena descender hasta aquí. Hay casas rústicas a derecha e izquierda de esta senda que continúa en pronunciado descenso hasta unas cuevas a las que nosotros decidimos no llegar. A parte de acusar el esfuerzo del día de ayer, el calor no ayuda, así que penosamente, muy penosamente, ascendimos.
Antes de coger el coche nos acercamos al museo del Gofio al que no entramos. Nos asomamos a un mirador y regresamos por donde habíamos venido. En nuestro ascenso, lento, nos topamos en una curva con una loca que venía de frente y que frenó tan bruscamente al vernos, que sus neumáticos desprendieron humo. Pese a que conducía muy rápido, como hemos observado en muchos, tuvo buenos reflejos …y buenos frenos, porque si no, se empotra. Comprendo que estas carreteras son desesperantes alcanzando unas velocidades medias muy bajas, pero es que por seguridad no se pueden alcanzar mayores. A los lugareños les deben resultar pesadas y aburridas y…les dan algo de emoción. Pero a nosotros…nos provocan sustos.
Y continuamos hasta
Garafía, que dicho sea de paso parece un municipio aburrido y sin mayor
interés, para allí, dar la vuelta e iniciar el regreso a casa. Encontramos en
nuestro camino en un bosque de pinos un lugar con un banco y mesa para comer y
dadas las horas, decidimos hacerlo. Así que sacamos nuestra ensalada de
mercadona, y nos hicimos unos buenos bocadillos de jamón y chorizo que
acompañamos con esta ensalada. Nos
resulta mucho más cómodo hacer esto que pensar en buscar y encontrar un
restaurante abierto desconociendo la hora a las que podríamos comer.
De nuevo en el coche y
en la carretera principal en dirección al Sur pasando por Puntagorda, nos encontramos un cartel que avisaba de las
horas y los días de los cortes de
tráfico. Hoy, hasta la 16 no se abría y tan solo son las 14,30, pero luego los
fines de semana estaba abierta, así que hemos tenido suerte ya que el domingo
tenemos que subir al Roque de los Muchachos, al observatorio astronómico, así
que evitaremos hacer esta carretera que no tenemos más remedio que tomar ahora
de regreso. Y añado que en el google maps figura ahora siempre cerrada.
Y se nos hizo de noche
ya que cerca de Los Llanos, nos detuvimos en un “chino” a comprar un cable para
cargar la Tablet ya que el que llevaba parecía no hacerlo y un soporte para el
teléfono móvil que era lo que utilizábamos como navegador. Tuvimos la suerte de
encontrar ambas cosas.
Hoy no pude disfrutar
de la puesta de sol, y lo lamenté. Sería el único día de todos.
Y seguí pensando en
visitar Porís de la Candelaria. Sería una pena abandonar la isla sin conocerlo
y aquí seguramente no íbamos a volver así que trastee con el teléfono. Y
causalmente encontré un taxi que hacía el servicio desde Tijarafe hasta Porís
de la Candelaria ida y vuelta. Bajaba, y después de 1 hora, nos recogía. Me
puse en contacto con ella por watsapp y por teléfono. Jesi (618309349) hace ese
servicio por 50 euros, algo caro si se piensa que son 4 km (8 ida y vuelta) pero
no lo es si se piensa en la tranquilidad que se gana. En principio solicité el
servicio para el domingo por la tarde
cuando volviéramos del Roque de los Muchachos, pero nos dijo que en fin de
semana no trabajaba así que lo aplazamos al lunes. Ya veríamos como completar
el día y si había alguien más interesado que se uniera para compartir los
gastos.
De nuevo cenamos y nos
acostamos a la “hora peninsular”, hora de “pollos” allí.
1 DE NOVIEMBRE, sábado
De nuevo, a parte de
despertarnos como siempre varias veces, la definitiva es sobre las 6,30 o 7
(7,30 u 8 en la península) así que esperamos a que el día empiece a clarear nos
levantamos e igualmente sobre las 8 y poco estamos ya en el coche poniendo
rumbo esta vez a la costa Este de la Isla.
Nuestro destino
inicial era el bosque de los Tilos,
a ver una hermosa cascada dentro de un bosque de laurisilva.
En nuestro camino dejamos el aparcamiento del Cubo de la Galga, bastante lleno, otro lugar que queremos visitar, y el mirador del Tendal desde donde podemos ver la cueva del Tendal, donde vivieron los benahoaritas, antiguos habitantes de la isla de La Palma, y cuyos 60 metros y 16 cavidades albergan reliquias, semillas y objetos cotidianos.
Por una estrecha
carretera nos introducimos en el barranco del agua que nos lleva a este espacio
natural único en las islas. Es uno de los pocos reductos mundiales de
laurisilva, un bosque primitivo y frondoso de árboles de hoja ancha que hace
millones de años abundaba en el planeta. Una buena idea es tener personas en estos lugares
que regulan el tráfico e informan al visitante. En este bosque de los Tilos
también encontramos uno que nos dice donde aparcar y donde se encuentra la
cascada.
Caminamos por unas
pasarelas que se abren paso por un bosque húmedo y umbrío sumergidos en una
exuberante vegetación de árboles, arbustos y helechos.
Rumbo al Charco Azul, otras piscinas naturales en la costa Oeste un poco más hacia el Sur. Este lugar es similar al anterior pero con menos encanto. Y descubrimos un área para autocaravanas donde hay varias, algunas grandes y de otros países. Sinceramente, no encontramos atractivo a moverse por aquí en estos vehículos. Solo se cabe por las carreteras principales por lo que los desplazamientos están muy limitados.
En sus empedradas calles encontramos centenarias y coloridas casas muy hermosas en las que se abren balconadas de madera y una preciosa plaza que rodea la iglesia.
El centro del pueblo gira en torno a ella y esta plaza es un conjunto casi único en la isla. Nos dejamos perder un poco, porque el sitio es pequeño, pero conseguimos saborear algo la esencia. Las pequeñas plantaciones de plataneras están integradas en el interior del casco y se alternan con las casas, lo que hace más delicioso nuestro corto paseo.Y ahora, como nos da
tiempo, decidimos acercarnos al Cubo de
la Galga en el Parque Natural de las
Nieves, primera Reserva de la Biosfera de La Palma, declarada por la Unesco en
1983; aquí se localiza uno de los mejores ejemplos de laurisilva del mundo,
igual que Los Tilos.
Al llegar al pequeño
aparcamiento tenemos suerte y encontramos sitio. A las 14 horas comenzamos una
ruta autoguiada y sencilla de tan solo
2,5 km ida (5 km en total) por un camino ancho y sencillo que al principio está
asfaltado, pero en ascenso continuo, suave, que no cesa por lo que a estas
horas ya, se nos hace algo penoso.
Nos internamos poco a poco en esta selva primitiva superviviente de la Era Terciaria. Es un bosque encantado que podría ser el escenario de cualquier película de ciencia ficción. Sumergidos en este espacio selvático, la luz se atenúa y casi no llega al fondo. En algunos tramos el bosque se espesa y se hace oscuro.
Según avanzamos vamos
caminando bajo una bóveda vegetal rodeados
de loros, tilos, sanguinos, viñatigos, acebiños, helechos gigantes….y otras
especies vegetales muchas de ellas endémicas y desaparecidas hace miles de años
de otros lugares de la tierra …y estamos prácticamente solos.
Seguimos ascendiendo sin parar hasta llegar a una zona muy umbría, con mucha humedad y rodeados de helechos gigantes. Es el llamado Jardín de los helechos, donde la altura de especies de esta clase de plantas supera en muchas zonas la altura de una persona.
Ahora ya, y por fin,
podemos descender. Y el regreso se nos
hace menos penoso. Y en el aparcamiento
y siendo las 15,15 decidimos disfrutar de una ensaladilla rusa de “Mercadona” y
unos buenos bocadillos de jamón con chorizo que fueron la envidia de una pareja
de alemanes que únicamente comieron unas galletas “Digestive” y un triste
plátano. Eso…no puede ser bueno.
Ahora ya nos quedaba
únicamente regresar a casa, pero el
frigorífico estaba medio vacío y mañana era domingo así que nos adentramos en
la capital en busca de un supermercado que habíamos localizado a través del
Smartphone y donde nos surtimos de todo lo necesario…e incluso algo más.
Y siendo tarde ya y cansados, iniciamos el regreso atravesando una vez más, estos inmensos campos de lava que el Tajogaite dejó.
Ya en nuestra casa, y
como todos los días, la noche nos fue abrazando y el cielo apareció limpio y estrellado.
Lo admirábamos todas las noches. Lástima que había luna creciente y ya
avanzada, lo que nos impedía disfrutar de un cielo sin luz y de las estrellas
que lo colmaban. La Palma posee uno de los cielos más limpios del mundo. Y
tengo que añadir, que aprovechamos alguno de nuestros “despertares nocturnos”
para salir a la terraza y poder disfrutar de este maravilloso cielo.
2 DE NOVIEMBRE, domingo
Hoy teníamos cita a
las 11 horas para visitar uno de los telescopios que existen en el Roque de los muchachos. La
había reservado y abonado (20 euros por persona) con un mes de antelación. https://www.adastralapalma.com/tours-es/visitas-observatorio/.
Como la carretera no estaba cortada llegamos una hora antes de los previsto al punto de encuentro en el centro de visitantes. Pululamos por allí viendo como los observatorios de distintas formas y tamaños estaban sembrados por toda la ladera. Desde el clásico con cúpula redonda hasta otros que parecían unas antenas parabólicas hechas de pequeños espejos.
Y es que aquí, en el
Observatorio del Roque de los Muchachos al
borde del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, a 2.396 m. de altitud,
se encuentra una de las baterías de telescopios más completa del mundo.
El cielo reúne las mejores condiciones para la investigación astronómica y, por ello, está atrayendo a algunos de los telescopios gigantes del futuro así como a la nueva generación de telescopios Cherenkov destinada al estudio del universo en rayos gamma de muy alta energía, que eran los que se asemejaban antenas parabólicas cubiertas de espejos.
Actualmente se
encuentra aquí el mayor telescopio óptico e infrarrojo del mundo así como de
una veintena de otros telescopios e instrumentos astronómicos para distintos
tipos de estudio: observaciones nocturnas, robóticas, Física solar y
Astrofísica de Altas Energías. Con estos telescopios se han hecho grandes
avances en el estudio del Universo, como la obtención de la galaxia más profunda,
de la más lejana o la confirmación de la
existencia de los agujeros negros y de la expansión acelerada del Universo.
A las 11 en punto se
forma el grupo y cada uno en su propio vehículo, formamos un comboy que sigue a
nuestra guía en dirección al GranTecan, el mayor telescopio óptico e infrarrojo del mundo
financiado al 90% por el Gobierno español
y el resto por la Universidad de México y la de Florida.
Nos acercamos a él. No
hay nada que lo diferencie del resto de
una veintena de otros telescopios e instrumentos astronómicos para distintos
tipos de estudio que pueblan la ladera.
Tras aparcar nos
dirigimos al interior donde nos ofrecen un casco y nos muestran un robot que
proyectará un audiovideo, pero este robot ha decidido no funcionar ahora. Así que tras varios intentos, nuestra guía
decide posponerlo y dirigirnos al
telescopio al que accedemos subiendo unas escaleras.
Nos encontramos en una plataforma circular en cuyo centro se encuentra un gigantesco conglomerado de hierros, placas, cables, … que forman este telescopio. Nuestra guía nos ofrece en dos idiomas, inglés y español, datos sobre él, como que es capaz de llegar a los confines del universo conocido y que observa la luz visible e infrarroja procedente del espacio. Nos explica también como está formado y que gira sobre aceite inyectado a presión para que el movimiento no afecte a las imágenes. Nos cuenta que por la mañana son los ingenieros los que trabajan, revisando y por la noche, son los astrofísicos en turnos cortos. Y estos ingenieros hacen y deshacen diariamente la carretera tortuosa que hemos traído para llegar.
Para todos, existen
una serie de instalaciones (dormitorios diurnos y nocturnos, cocina y comedor,
recepción, salas de estar y de juegos, etc.), con objeto de prestar un servicio
a todo el personal científico y técnico vinculado al Observatorio que lo
precise.
Y tuvimos la gran suerte de ver como giraba la cúpula ya que al parecer había un grupo de personas amigos de uno de los investigadores.
Ahora, ya en nuestros
vehículos, nos dirigimos a la zona donde se encuentran los telescopios que
parecían parabólicas cubiertas de pequeños espejos, los Cherenkov
destinados al estudio del universo en rayos gamma de muy alta energía.
Su instalación permite que giren completamente en vertical y horizontal. Los más antiguos estaban formados por espejos cuadrados y en los más modernos son ya hexagonales. Uno de ellos aún estaba en montaje. Y como curiosidad contemplamos nuestra imagen reflejada en los espejos del telescopio, al revés.Nos fue describiendo la propiedad y el uso de los distintos observatorios que teníamos alrededor de nosotros y nos comentó que todos los datos que son extraídos por los distintos telescopios se reúnen conformando una especie de puzzle ya que cada uno mide o investiga cosas distintas. Y…me disculpo porque no sé si al describir lo que visité acierto o no, o cometo algún error, pero me reitero en que es una disciplina completamente desconocida para mi.
Aquí dimos por terminada la visita y decidimos subir por la carretera hasta el mirador del Roque donde su aparcamiento a estas horas estaba completo. Menos mal que salió uno y rápidamente fuimos a ocuparlo. Nos asomamos a las impresionantes vistas de la Caldera e hicimos una pequeña senda de piedras hasta otro mirador. Pero allí lo dejamos. Nos afectaba la altura, sobre todo a Angel que comentó que no se encontraba muy bien. Así que un poco preocupada iniciamos el regreso hasta el aparcamiento.
Ahora ya comenzamos el
descenso por la carretera que nos dirige a la capital, hasta Santa Cruz de la
Palma. Y más de lo mismo, carretera buena, pero tortuosa así que cuando
quisimos llegar al restaurante “Chipi Chipi” que nos habían recomendado, eran cerca de las 15 horas y, una vez allí, no
encontrábamos sitio para aparcar aunque al final lo conseguimos.
El restaurante estaba
casi completo y de los distintos espacios que tiene (dos terrazas, un comedor
cerrado y una zona muy original con cubículos con grandes ventanas donde cabía
una gran mesa con sus sillas) nos dieron
mesa en el que tenía menor encanto. Pero, no había otra cosa. Pedimos
queso asado con salsa verde, papas con mojo rojo y Angel bacalao que estaba
exquisito. Yo inicialmente pedí cabra, pero no quedaba así que me tuve que
conformar con unas costillas de cerdo que si estaban buenas, no era lo que yo
había querido. El queso asado, curioso
su sabor y su textura. Me gustó. Y el postre de la casa, una especie de tiramisú,
con nueces, cremoso y suave estuvo delicioso.
Cuando salimos eran ya
las 16,30 horas y a las 17 o 17,30 como muy tarde, deberíamos iniciar el
regreso para evitar que la noche nos cubriera por estas retorcidas carreteras,
así que decidimos no visitar la ciudad y dejarlo para otro día.
Ya cerca de nuestro bungaló decidí parar en una glorieta cerca de Los Llanos para charlar con alguien de la tierra que hubiera vivido de cerca la erupción. Encontré un pobre señor que descargaba algo y pidiéndole disculpas le pregunté sobre lo vivido. Fue uno de los afectados por el volcán. Nos dijo que iban evacuando sobre la marcha en función de la actividad del volcán. Que él salió con lo puesto y que cree que sabían de la erupción antes de que se produjera. Nos señaló un edificio frente a nosotros al que no habíamos prestado mucha atención y vimos que la lava había arrasado con la mitad por lo que tenían que derruirlo y llamó nuestra atención sobre los cristales saltados por el calor de la lava. Su cara cambió cuando hizo esta afirmación terminando nuestra conversación: “era el diablo escupiendo el infierno”.
Después de agradecerle su atención y disculparnos por hacerle recordar tan malos momentos, continuamos hasta nuestra casa. Para mi resultó una charla muy interesante. Me encanta hablar con la gente del lugar.De nuevo disfrutamos
de otra hermosa puesta de sol, cena y pronto a descansar
3 DE NOVIEMBRE, lunes
Hoy estaba prevista
nuestra excursión a Porís de la
Candelaria. Salimos pronto de casa y llegamos a Tijarafe una media hora
antes de la acordada. Nuestra conductora lo haría puntualmente.
Iniciamos con ella y completamente relajados, el descenso durante el cual no dejamos de mantener una distendida conversación. Durante la misma, nos comentó que el problema era cruzarse con otro vehículo y ponerse nervioso perdiendo el control de la situación. Nos dijo que el mismo día que intentamos bajar hubo un incidente serio. Al parecer al cruzarse dos turismos, el coche que ascendía se detuvo y cuando inició la marcha comenzó a derrapar (fácil dada la pendiente) y a la vez, se ladeo quedando una rueda colgando por lo que tuvo que bajar una grúa para levantar el coche y recolocarlo en la carretera.
Así que agradeciendo
la tranquilidad con que descendimos, nos depositó en el segundo aparcamiento
citándonos para una hora después.
Nosotros iniciamos el camino de bajada por una senda empedrada y estrecha y, como no, también empinada. Ibamos solos. Antes de llegar, nos cruzamos con la única persona que parecía habitar hoy este peculiar sitio. A nuestra izquierda íbamos siempre acompañados por el acantilado y el azul añil del océano.
Y tras un giro a la derecha, comenzamos a descubrir este singular lugar, un pequeño pueblo construido en una cueva de unos 50 m de altura. Inicialmente fue in sitio donde dejar los instrumentos de pesca pero posteriormente se fueron haciendo las viviendas.Fue construido hace
más de un siglo y se caracteriza por sus casas blancas adosadas a la roca
volcánica y es utilizado hoy en día principalmente como segunda residencia para
veranear.
Al margen de que el sitio era singular, también poseía una gran belleza: pequeñas casitas blancas adosadas a la roca volcánica negra con puertas y ventadas pintadas en tono azul añil dispuestas siguiendo la forma casi semicircular de la cueva. Y no había nadie. Eso era un atractivo añadido. Las olas no dejaban de batir pausadamente y era el único sonido que acompañó nuestro breve paseo. Realmente el sitio era mágico, pero como lo hemos disfrutado hoy: sin gente.
Nos resistíamos a
abandonar este lugar tan bello y singular, pero la hora de recogida se
acercaba. Ya cuando subíamos nos cruzamos con algún pequeño grupo de personas.
¡Qué bien está madrugar y disfrutar de estos lugares mientras los demás lo
hacen de su descanso!.
A la hora acordada nos vino a buscar Jesi. Como no había cobertura está obligada a subir y luego bajar para recogernos. Encantadora y atenta en todo momento y conversando amigablemente, llegamos arriba despidiéndonos de este viaje tan singular, y ahora, tan relajado. 50 euros es un precio caro para 8 kilómetros de trayecto, pero no lo es si se piensa en la dificultad que entrañan estos kilómetros. A mi juicio, la tranquilidad lo vale.
Nos organizamos para
lo que nos quedaba del día que a las 11,30 era mucho.
Pusimos rumbo a Puerto Naos y desde un mirador observamos la caída de la colada de lava del Tajogaite hacia el mar. Regresamos ya que no encontramos mayor atractivo que ser un sitio de veraneo típico. Y en nuestro camino seguimos viendo carreteras en obras que pasaban por encima de la colada y en un momento determinado pudimos observar un espectáculo que nos resultó muy cómico: una máquina pesada atravesando la carretera y para que no dañara con sus cadenas el asfalto unos operarios iban colocando enormes neumáticos que amortiguaban su paso. Como dijo Angel “tecnología punta”.
El siguiente destino fue el Mirador del Tajogaite, que veíamos cada vez que regresábamos a casa ya que estaba en nuestro camino. Pero esta vez nos detuvimos para disfrutarlo con tranquilidad. Desde aquí se emitieron muchas noticias durante la erupción.
Y ahora un
experimento. Guiada por mi insaciable curiosidad (espero que no se me acabe y
que tampoco me meta en demasiados problemas) había visto otro “punto” en Google
Maps en medio de la nada descrito como “mirador oficial del volcán de
Tajogaite”.
Señalado en el
navegador iniciamos el camino pero una y
otra vez pretendía atajar introduciéndonos por callejucas que ascendían
vertiginosamente. Ya habíamos aprendido, así que no hacíamos caso y seguíamos
hasta llegar a alguna carretera o calle de ancho y trazado más adecuado.
Así seguimos por la
LP-3 hasta tomar a nuestra derecha y
después de la gasolinera DISA, la
LP 212 o carretera San Nicolás. La
fuimos siguiendo acercándonos al volcán hasta comenzar a ver ceniza volcánica
que cubría todo hasta llegar al final a un aparcamiento solitario donde unas
vallas cortaban el paso. Vimos un grupo de personas que regresaba caminando y
las pregunté si merecía la pena acercarnos más y nos dijeron que sí, y que
llegáramos hasta el mirador por un camino que salía a nuestra derecha.
Tomamos el camino en descenso y comenzamos a contemplar un paisaje sobrecogedor: circulábamos paralelos a la colada de lava que escupió el volcán y que teníamos a nuestra izquierda.
Muy de cerca vimos como había ido
arrasando a su paso con todo lo que tenía por delante. Al borde de este río de
desolación había pinos vivos junto a otros muertos, tumbados. Nuestros ojos descendieron con la lava hasta
el mar y en medio pudimos contemplar el lugar donde se encontraban los bungalós. Al otro lado de nuestro camino un manto
de ceniza negra cubría la tierra entre
la que pequeños golpes de color verde de vegetación que solo es capaz de
sobrevivir en este sitio tan inhóspito, rompían el gris.
Nuestros ojos podían abarcar desde el mismo volcán, recorriendo toda la colada en su descenso hasta perderse en su caída hacia el mar. Es…de una belleza especial y sobrecogedora porque hemos sido testigos, aunque en la distancia, del dolor y desolación que ha causado la formación de este paisaje. Y sobrecoge también por la enorme fuerza que puede desatar la naturaleza ante la que nada puede interponerse.
El Tajogaite entró en erupción en septiembre de 2021 (hasta diciembre) y sepultó las localidades de Todoque, El Paraíso y parte de La Laguna y Las Norias. Esta colada de lava de 68,8 km de longitud modeló radicalmente el paisaje del Valle de Aridane.
Enterró bajo ella
1.218 hectáreas, incluidas 1.345 casas, 370 hectáreas de tierra cultivada y
73,8 kilómetros de carreteras, y provocó el crecimiento de la isla en 47
hectáreas con una "fajana".
Entablamos conversación con un grupo de personas entre las que iba una cuya madre tenía su casa cercana. Y nos comentó que lo que más le aterrorizaba era el ruido que no cesaba durante las 24 horas, un ruido procedente de las entrañas de la tierra, un ruido estremecedor…En fin, él comentó que se llevaron a su madre porque ella no percibía el peligro. También nos explicó porque había gente que permanecía viviendo aún en las viviendas prefabricadas y según él era gente que no las tenía “legalizadas”. Eran cuadras, almacenes o viviendas antiguas que a lo largo de los años se han ido ampliando, reformando y convirtiéndolas en otros usos sin dejar constancia en ningún papel, o sencillamente carecían de papeles que demostraran lo que había o tenían y también viviendas que no tenían ningún tipo de seguro contratado. Esto fue negado por otra persona con la que al regreso mantuvimos otra conversación.
Deshicimos el camino e
inicié otra conversación con el personal del camión del Cabildo de prevención
de incendios quien nos aportó información muy valiosa. Aunque contradijo a la
anterior sobre el motivo por el que aún había personas viviendo en prefabricadas,
-según él los que más tenían había cobrado ya sus indemnizaciones- nos dijo que sabían perfectamente por donde iba a
“romper” (salir la posible erupción) que antes había habido terremotos apenas
perceptibles, pero cuando se desató el “enjambre” comenzaron a sospechar. Y que
“rompe” por las zonas más “débiles”.
Había tres posibles: una en los Llanos, otra, esta, donde “rompió”, y la tercera en el volcán
Teneguia y San Antonio donde no habría causado los estragos que causó aquí. Nos dijo que hubo gente que se fue antes de comenzar la
erupción por lo que sospecha que tendrían fuentes de información. Que el mismo
día de la erupción los perros que llevaron a cazar a la zona se negaban a salir
de los vehículos, y cuando los forzaban, volvían a subir a ellos y que él, que
tenía pájaros, por la mañana estaban volando enloquecidos. Para finalizar nos
dijo que mucha gente mayor de 60 años había cobrado sus indemnizaciones y
habían marchado. No tenían ganas de empezar todo de nuevo.
En fin, el lado humano de este extraño turismo que hacíamos y que a mi siempre me gusta descubrir.
Fue un descubrimiento
único y que no aparece en ningún sitio. La única información que encontré
cuando buscaba acercarme a este volcán se
refería a visitas guiadas, previo
abono de su importe y que consistían en caminar varios kilómetros, no recuerdo
si 12 y me parecían muchos para nosotros por lo que ni lo intenté. Esto, como
he dicho, fue un hallazgo casual de mi
curiosidad.
Pudimos comprobar que
más gente lo hacía, que venía algún taxi con turistas que se acercaban a este
lugar. Supongo que en pocos años decidirán explotarlo y…perderá este encanto
del que nosotros disfrutamos casi en soledad. Y como era ya la hora
de comer, regresamos a nuestra casa y pasamos la tarde dormitando, leyendo,
escribiendo…hasta disfrutar una vez más del espectáculo de la hermosa puesta de
sol sobre el Atlántico y después dejamos ya que la noche nos cubriera.
4 DE NOVIEMBRE, martes.
Hoy ya, nuestro último
día, nos dirigimos a Santa Cruz de la Palma, a la capital y lo hicimos por el Sur,
recorriendo el contorno de la isla. Buena carretera y sin tanto “retorcimiento”
como la que atraviesa el interior. Circulamos casi solos, nada que ver que la
otra carretera que atraviesa de Isla de Este a Oeste, aunque hay que añadir que
ésta es menos atractiva.
Nuestra primera parada fue en la playa de los Cancajos. Aquí estuvimos 40 años atrás pero no la reconocíamos. Es un lugar de turismo de playa, edificios de hoteles, apartamentos, negocios de restauración etc., nada especial. Nos asomamos al mar y a nuestra izquierda se recortaba la cercana ciudad de Santa Cruz de la Palma, a donde nos dirigíamos ahora.
Y muchos problemas para aparcar. Casi al final de la calle que da al paseo marítimo encontramos el hueco que un turismo dejaba en el momento. Casualidad.
Tomamos una calle
paralela a donde aparcamos y nos
dirigimos al casco histórico de la ciudad, encontrando primero el Castillo
de Santa Catalina, pequeño, casi parecía un juguetillo y que representa la
defensa férrea de la isla ante los ataques piratas que ésta sufrió.
En el exterior, la plaza de España, también pequeña pero coqueta considerada como el mejor conjunto renacentista del archipiélago y de nuevo retomamos la calle real.
Por una pequeña perpendicular salimos al paseo marítimo que guarda el precioso conjunto de los balcones de la avenida Marítima, un sitio imprescindible, además de hermoso, de lo más colorido y repleto de flores. Las balconadas de madera están pintadas de vivos colores: azul, verde, rojo…que ahora a la luz del sol, se mostraban más intensos. .
De regreso nos topamos
con el Museo Naval del Barco de la Virgen que se encuentra en una reproducción
de la Nao Santa María, con la que Colón hizo su primer viaje a América. Todo un
símbolo de la capital palmera y que decidimos no visitar.
Y dimos por terminada nuestra incursión por la capital para regresar a casa a comer, descansar y disfrutar, por último día, de la espectacular y maravillosa puesta de sol.
Ante nosotros se abría el océano atlántico hoy sereno, tranquilo, como balsa de aceite. El sol, comienza a caer e ilumina justo debajo de él hasta convertir este azul en blanco plata. No me canso de disfrutar de este espectáculo. Silencio, paz, pajarillos…un remanso de paz y serenidad. Un lugar apartado del ruido, rodeado de vegetación exuberante donde recuperarse del día.
3 DE NOVIEMBRE, miércoles.
El día de nuestra
partida coincidimos al salir con los dueños, una pareja belga muy joven que venían pertrechados para
limpiar. Les agradecimos su hospitalidad y les preguntamos cómo habían vivido
la erupción. Nos dijeron que durante tres años habían estado cerrados. No
tenían agua y muchas plantas murieron y les tuvieron que hacer una carretera de acceso.
Ahora parece que se estaban recuperando aunque cuando Angel les sugirió que en
vez de poner vino de La Rioja de bienvenida, mejor sería vino de la tierra, ella respondió de forma muy espontánea que era muy caro, que
una botella costaba 10 euros. Bueno. Lo importante es la intención y comprendo
que ahora comienzan un poco a respirar. De hecho, no he mencionado que tienen
una bonita piscina de tamaño más que adecuado y con vistas al volcán y a la
colada que hasta hace poco ha estado vacía, pero que ya la tienen en
funcionamiento disponiendo de hamacas y sombrillas alrededor que estaban
reponiendo.
Sobre las 12 llegamos
al aeropuerto y dejamos nuestro coche. Ni lo miraron. Un poco justos de tiempo,
comenzamos con el embarque y con un poco de retraso partimos hacia Madrid donde
nos recibió la lluvia y el mal tiempo.
Y para terminar, en el
avión comenzó una complicación. El viajero de la butaca junto a mi sostenía un
teléfono móvil cuya pantalla parecía congelada. Al rato con algún comentario, me dijo que se
le había “muerto” y un poco después me pidió si yo sería tan amable de dejarle
hacer una llamada a lo que accedí, pero sin soltar mi teléfono en ningún
momento. Yo marqué y el mantuvo su
conversación con su amigo que pude oir perfectamente. Pero Angel es muy
desconfiado aunque al margen de esto, este mundo cada vez nos parece más
hostil, así que buscamos en google el número de teléfono y aparecía un libro,
lo que nos extrañó. Al encontrar a este señor en los baños Angel le preguntó
que a quien había llamado y el hombre sin comprender la pregunta, respondió que
a su amigo al que volvimos a llamar. Este
tampoco entendía lo que le preguntábamos y cuando le dijo Angel que el
teléfono correspondía a un libro dijo que no sabía de qué le hablábamos, que
era su teléfono personal. Fue una situación violenta para todos y vista con la
perspectiva del tiempo, algo absurda porque ninguno comprendíamos que estaba
pasando. El señor del avión nos mostró su DNI y nos dijo que si queríamos íbamos
a la policía, lo que no hicimos, pero ya nos quedamos inquietos hasta el día
siguiente. No pasó nada de nada y
después comprendimos que el número que aparecía en google era el de registro de
un libro. Malos tiempos estos que nos hacen recelar de alguien que nos pide
ayuda. Mañana podemos necesitarla nosotros.
Pero ahí no acabaron
nuestros problemas. Pedimos un taxi y
buscamos la salida según las indicaciones que nos aparecía en la aplicación de
la plataforma para dirigirnos al punto de recogida. Pero no supimos que en
realidad estábamos en la T4…SATELITE con lo cual siguiendo las señales de
salida llegamos al tren que indicaba las otras terminales y pensamos que por
ahí no era. Y regresamos sobre nuestros pasos. Pero, para nuestra perplejidad
no encontramos ascensores, ni escaleras mecánicas, como si no hubiera
posibilidad de otro camino pero vimos que en los pisos superiores parecía haber
“vida” así que decididos, iniciamos el
ascenso de cuatro pisos con la maleta en la mano. Al llegar arriba….las señales
nos enviaban de nuevo hacia abajo y nos encontramos frente al tren, de nuevo.
En la casilla de salida. Y qué desesperación. Preguntamos y, o no nos
entendían, o no sabían. En un momento determinado me fijé y vi que ponía
dirección T4 así que tomamos el tren. Y a su salida las instrucciones del Smartphone
que nos indicaban el punto de recogida coincidían con lo que teníamos frente a
nosotros. Pero cuando llegamos no estaban esperándonos y un conductor al mirar
el móvil nos dijo que se había cancelado nuestro servicio, así que tuvimos que
pedir otro y esperar su llegada lo que ocurrió en poco tiempo. Luego el
conductor nos dijo que si el pasajero en unos minutos no aparece, se tienen que
ir porque si no les cobran el aparcamiento. Y eso debió de ser lo que sucedió mientras que andábamos
perdidos por la T4…Satélite.
Y sin mayores
problemas que algún atasco debido a la lluvia y por lo que el viaje nos salió
bastante más caro de lo habitual, llegamos a casa.
A una semana de
nuestro regreso tengo los resultados de la ecografía que indican que no ha
habido rotura de nada. Ya tenía un tendón roto en el hombro y otro a medio.
Ahora la rotura de este segundo era un poco mayor, pero nada relevante, así que
con tiempo y rehabilitación, espero regresar a mi vida normal.





