LA PALMA. ISLA VERDE FUEGO

29 DE OCTUBRE. Miercoles

El vuelo, que en principio partía a las 15,30 horas, nos lo adelantaron a las 11,30 sin previo aviso. Fue un hallazgo casual comprobando los horarios. Esa hora era infinitamente mejor que la primera ya que con esta llegaríamos a las 13,30, con luz y tiempo suficiente para alquilar el coche y hacer el trayecto hasta Los Llanos. Con el horario inicial en el que tomábamos tierra a las 17 horas, nos veríamos obligados a dejar el aeropuerto entrando la noche, con la dificultad que entraña conducir un coche desconocido, por carreteras sinuosas y también desconocidas, así que nos vino francamente bien.

El vuelo estaba completo y cuando desembarcamos nos sumamos a la cola que se formó frente a Cicar, agencia con la que siempre contratamos nuestro coche. En unos 20 ó 30 minutos nos dieron el contrato y las llaves de nuestro coche del que solo sabíamos la marca, un Peugeot 2008, la matrícula y donde se encontraba. Y si bien lo encontramos sin dificultad, el problema vino después, cuando nos encontramos un navegador en alemán al que apretando botones y por ensayo y error conseguimos ponerlo en español y lo siguiente fue no encontrar el freno de mano hasta que nos dimos cuenta que no lo tenía, era un simple botón. Adaptarnos a su tamaño, grande para nosotros, fue lo de menos. Luego, un poco  más de lo siempre, la sensación de desprotección que se siente cuando te encuentras ante algo desconocido y sin nadie que te pueda ayudar. Nos hacemos mayores, sí, pero tampoco el entorno nos facilita las cosas. Si alquilan muchos coches, también ganan dinero por ellos y lo lógico sería pensar que deberían tener personal suficiente para atender a sus clientes, al menos en casos puntuales, para darles unas primeras orientaciones. Pero no es el caso. Así, ganan más. Es la primera vez que cuando alquilamos un coche nos dan las llaves y se despiden de nosotros. Y eso coincide cuando quizás más ayuda se necesita. Hemos de adaptarnos a los nuevos tiempos, pero a veces, no nos lo ponen nada fácil.

Iniciamos nuestro camino hacia nuestro alojamiento, los bungalow “el paradiso” en Tazacorte. No nos gustan los hoteles, preferimos casas donde podamos “pisar tierra”. En cuanto al resto, no somos muy exigentes, con que el tamaño sea adecuado y esté limpio, es suficiente. Este lugar parecía cumplir con lo exigido. La costa Oeste parece disfrutar de mejor clima que la costa Este y Tazacorte está en el centro de la Isla por lo que los desplazamientos serían más fáciles, conociendo la complicada orografía de las islas.

Antes de poner rumbo definitivo a nuestro alojamiento, encontramos un Mercadona y un lidl, así que decidimos hacer una parada para aprovisionarnos de lo necesario para  unos cuantos días.


Como el navegador del coche no parecía que funcionara bien, decidimos utilizar el nuestro de google map y por una carretera tortuosa pero buena y muy hermosa llegamos en unos 45 minutos a nuestro destino. Pero cuando llegamos el navegador indicaba una entrada por una especie de pista en obras en una zona llena de maquinaria y que parecía llevarnos a la nada, así que pensamos que estaba equivocado y continuamos. Después de dar alguna que otra vuelta, decidimos llamar al alojamiento que nos indicó la entrada. Era la misma que habíamos rechazado inicialmente.

Nos introdujimos por este camino/carretera hasta llegar a una zona con unas cuentas viviendas unifamiliares .  Tras un trayecto muy corto, encontramos una media docena de aparcamientos y una puerta que coincidía con las indicaciones que nos había facilitado el alojamiento.  La traspasamos y siguiendo de nuevo sus instrucciones encontramos nuestro bungalow, el número 6.

Y mientras nos dirigíamos a él nos sorprendió ya la tranquilidad y belleza del sitio, que parecía un oasis o vergel en medio de la nada. El jardín estaba cuidado con plantas hermosas algunas en floración y el suelo estaba formada por  pequeñas piedras de lava. Frente a nuestro bungalow se abría una amplia vista hacia el océano atlántico.

Nuestras “posesiones exteriores” incluían una mesita con dos sillas junto a una vaya baja con hermosas vistas al Océano, luego salvando un escalón, accedíamos a una terraza con sombrilla, dos hamacas y otra mesa con tres sillas, todo con sus respectivos cojines. Una gran puerta corredera de cristal daba acceso a la zona interior, compuesta por un pequeño salón con un tresillo y al otro extremo, una cocina con mesa y sillas. Desde aquí se accedía al baño y al dormitorio de tamaño adecuado y con suficientes espacios de almacenaje. Este último daba a una zona ajardinada y desde la cama (dos camas juntas) se  podía disfrutar de las palmeras meciéndose suavemente con el viento. Al margen del equipamiento normal de este tipo de alojamientos, destacamos un horno así como radiador y ventilador, y de este último tuvimos que hacer uso los dos últimos días en que llegamos a alcanzar los 30 grados.

El diseño de los bungalows, en zigzag, hacía que no se compartieran paredes con los vecinos, así como permitir mantener la privacidad. La disposición de las plantas ayudaban a esto último también.

Serían las 16 horas cuando llegamos y cuando terminamos de instalarnos cerca de las 17, por lo que decidimos no comer y esperar a la noche. Mientras, recorrimos los exteriores y descubrimos al fondo la silueta del volcán Tajogaite, el último en erupcionar, y la colada descendente. 

Comprobaríamos después con sorpresa, que nos encontrábamos en el medio de la trayectoria de esta colada  que unos 50 metros antes de este grupo de  viviendas, detuvo su marcha abriéndose por ambos lados hasta abrazarlas  siguiendo después su  curso hacia el mar. Junto a los bungalow y a un lado, una franja de plataneras que también parecían haberse salvado de la furia del volcán.


Tras disfrutar de una hermosa e impresionante puesta de sol desde nuestras hamacas, decidimos cenar e irnos a descansar sin variar el “horario peninsular”, así que a poco más de las 22 horas (las 23 peninsulares) nos fuimos a la cama.



30 DE OCTUBRE, jueves

El día amanece entre nubes y sol pero las previsiones no eran buenas para otros puntos de la isla y únicamente parecía salvarse la zona sur, donde se halla en volcán San Antonio y Fuencaliente y para allá pusimos rumbo sobre las 8,30 de la mañana.

Por buenas carreteras  y nuevas, que al principio discurrían por encima de la lava del Tajogaite, llegamos a Fuencaliente y de allí nos dirigimos al centro de interpretación del Volcán San Antonio. Ahora, se paga por visitar los centros de interpretación, que ya no visitábamos cuando eran gratis o echábamos un vistazo rápido, así que ahora, me atraían menos, pero era indispensable para acercarnos a la boca del San Antonio cuya erupción tuvo lugar en el siglo XVIII.


Así por un camino cuidado nos asomamos al impresionante cráter de este volcán, hoy ya cubierto de vegetación y desde el mirador, un poco más adelante, pudimos disfrutar de una vista parecida a la que tuvimos 43 años atrás: el volcán Teneguia cuya erupción fue en 1971. Entonces la lava sepultó bajo un manto de 4 m una superficie de 2.845.000 m2 y su derrame ganó terreno al mar pero no afectó a ninguna población aunque sí produjo daños materiales a los cultivos de la vid de la zona y también destruyó una playa.

Cuando  hace 40 años estuvimos aquí,  no existía el centro de interpretación y nos internamos con nuestro suzuqui alquilado por las pistas abiertas sobre la lava. Después  caminando, ascendimos por la ladera hasta su boca.  De regreso, en una vaguada nos quedamos parados con el Suzuky y cuando intentamos subir, comenzó a patinar. Las piedrecillas de lava saltaban por todos los lados. Debimos de dejar los bajos del coche muy lijados, igual que el reloj “Casio” de Angel que empujaba mientras yo aceleraba intentado salir de donde la inconsciencia de la juventud nos había dejado.   Lo conseguimos, pero fue una mala experiencia ya que además esto ocurrió por la mañana y el vuelo partía ese mismo día por la tarde.

Y hago un paréntesis en el relato para regresar en el tiempo. Hace 40 años comencé mi vida laboral en Las Palmas de Gran Canaria. Entonces tenía 23 años y había ganado una oposición que me obligó a trasladarme allí. De hecho, yo lo hice porque hubo muchos antes que yo que renunciaron. Así que estuve viviendo en la isla de Gran Canaria desde diciembre de 1983 a Septiembre de 1984. Esto nos permitió a Angel y a mi emprender nuestra vida juntos. El …también ganó una oposición y su puesto estuvo en Alcañiz durante un curso escolar. Así que después de casarnos en diciembre de 1983, nos fuimos a pasar la “luna de miel” al apartamento que yo había alquilado con una compañera de facultad de Angel en Las Palmas y permanecimos separados por 3000 kilómetros nueve meses.  En esos meses aprovechando algún puente en el que Angel se desplazaba a la isla, visitábamos otras como Tenerife, Lanzarote y La Palma, aunque muy superficialmente. Para la Palma, pedimos una tienda de campaña y la montamos la primera noche en la playa de Tazacorte. Apenas conseguimos dormir, así que a la noche siguiente buscamos  alojamiento en Los Llanos. No estuvimos más de tres días en la isla por lo que no conocíamos mucho de ella. Esta era ahora nuestra oportunidad.

Y regreso al relato. Desde el centro de interpretación nos dirigimos a las salinas. Aparcamos junto al faro. Aquí no estuvimos entonces y ahora descubrimos un lugar con la belleza que ofrecen los contrastes vivos de colores, entre el blanco de la sal y el azul añil del océano, o el rosa pálido de algunas pozas debido a la alta concentración de microorganismos, como un alga y bacterias que producen pigmentos rojizos o rosados. Sin prisa,  disfrutamos de la contemplación de este  lugar para poner luego rumbo a la playa de Echentive surgida de la erupción del Teneguia.

Dejamos nuestro coche arriba y descendimos por unas escaleras para luego caminar hasta acercarnos al mar, donde nos sentamos a contemplar su movimiento, el  lento ir y venir de las olas, pausado, lamiendo la arena negra. Es una hermosa playa salvaje.

Al regresar me sentí atraída por unas puertas metálicas y oxidadas que  deduje que sería el acceso a las aguas curativas de la Fuente Santa, un manantial que fue sepultado por una erupción en 1677 y redescubierto en el 2000 y sobre el que hay un proyecto de creación de un balneario. Al lado había una pequeña charca y sentí curiosidad por saber si era de agua salada. Pero, no me dio tiempo ya que engañada por una capa que cubría las rocas, no pude ver que debajo eran muy resbaladizas así que resbalé y caí parando el golpe no solo con mi trasero, sino con el brazo izquierdo. Y ya tengo dos tendones rotos. Dolor e incapacidad para levantar el brazo más de 20 cm.

No me podía creer lo que había pasado, en solo un segundo, pese al cuidado que pongo, renunciando a jugar al tenis para proteger los tendones que me quedaban sanos.  Angel habló de ir al hospital  o centro de urgencias pero lo rechacé. Allí solo me podrían  hacer una radiografía y lo que yo creía necesitar era un ecografía para lo cual debería solicitar una cita en una clínica de traumatología y cuando me  la quisieran dar, ya estaría de vuelta. Pensé que lo mejor sería esperar  y  ver como transcurría la noche y  como estaba al día siguiente. Si había fractura, debería doler, y no dolía. Ahora debería buscar algún antiinflamatorio que compré en una farmacia, pero estos medicamente aumentan la tensión arterial, por lo que, aun después de haberlos comprado, me tuve con conformar con paracetamol que es solo para el dolor y tratar de pasar la noche bien. Y en casa ya, utilicé un remedio casero: había comprado unas verduras congeladas y fue lo que usé para ponerme en el hombro. Hasta me dio pena comérmelas al final de nuestra estancia.

Adelanto que la evolución fue buena, recuperando poco a poco movilidad, aunque no pude conducir en toda la semana. Y mientras, solicité cita de traumatología y una ecografía para cuando volviera a casa.

De regreso atravesamos el paraje denominado "Los Caños de Fuego" un hermoso y desolado paisaje volcánico con un centro de interpretación y la visita la Cueva de Las Palomas. Este paisaje nace a raiz del descubrimiento de un conjunto de tubos volcánicos en la zona de Las Manchas, procedente de la solidificación de las lavas emanadas en la erupción del Volcán de San Juan en 1949.

Pero las visitas estaban completas y no se podían reservar. Había que personarse allí el día elegido. Esto suponía un inconveniente añadido al hecho de que ya habíamos visitado un tubo volcánico en la Isla de Tenerife y además, había mucha gente. Decidimos que si nos sobraba tiempo haríamos esta visita, que nos parecía prescindible.

La hora en que terminamos nuestras visitas,  posibilitó que pudiéramos comer en casa para luego plantearnos alguna actividad para hacer por la tarde. Como vimos que el tiempo estaba bueno, pensamos en acercarnos al Mirador de la Cumbrecita, en la Caldera de Taburiente, cercana a nuestro alojamiento. Por teléfono nos confirmaron que el tiempo estaba despejado.   Para acceder a este mirador por las mañanas es necesario hacer una reserva online ya que el aparcamiento tiene un espacio limitado. Y así lo habíamos hecho para el viernes por la mañana. Pero por las tardes no era necesaria esta reserva así que decidimos arriesgarnos.

En pocos minutos y dejando atrás el centro de interpretación, la carretera nos acerca a las formaciones montañosas y nos adentramos en una zona boscosa poblada de pino canario. Entramos en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Ascendemos por la carretera hasta llegar al mirador de la Cumbrecita y aunque el aparcamiento era pequeño había plazas libres.

Pedimos consejo al agente forestal de la caseta para caminar alguna ruta y nos recomendó dos, una que nos llevaba al mirador de la cumbrecita y otra que salía del parque y nos llevaba por el Barranco de Juan Mayor, que aunque fuera del parque, era hermosa.

Comenzamos por el de la Cumbrecita. Una senda empedrada nos desciende hasta este espectacular mirador. Desde aquí, nos asomamos a un balcón natural que se queda colgado ante el abismo de la caldera, una imponente cuenca natural de seis kilómetros y medio de diámetro abierto en el corazón de la isla y desde donde podemos admirar la impresionante belleza  de la caldera con pendientes pronunciadas cubiertas de pinos. Pocas nubes por lo que las vistas son espectaculares y sobrecogedoras.

Ahora tenemos que deshacer el camino de bajada, pero en ascenso y nuestras piernas lo notan. Cerca de la caseta y del aparcamiento y siguiendo las indicaciones del guarda tomamos una pista que sale a nuestra izquierda y que igualmente desciende aunque ahora nos salimos de la caldera, pero la senda es igualmente hermosa. Continuamos en descenso, suave en general pero pronunciado en algunos puntos y siempre pienso lo mismo, todo lo que baje, he de subirlo.

Y llegamos a otro bonito balcón que se asoma a este barranco y nuestra vista casi lo consigue abarcar. Un banco invita al descanso, pero si nos sentamos…yo posiblemente no consiga levantarme.  Pese a que se puede continuar la senda, como habíamos alcanzado nuestro objetivo y eran ya las 17 horas, decidimos regresar.  El sol se pone a las 18,30 y no era cuestión de que nos alcanzara la oscuridad. Y de nuevo nos enfrentamos a las duras subidas.

Estábamos cansados, habíamos caminado 18.000 pasos de los míos, (lo normal suele ser unos 10 o 12.000) así que a las 22 horas (las 23 hora peninsular) nos fuimos a la cama. Yo con 1 gramo de paracetamol en previsión de que me pudiera doler y me despertara, lo que no ocurrió durante la noche aunque sí tuve los “despertares” que siempre tengo y que suelen ser dos o incluso tres, retomando el sueño después.

31 DE OCTUBRE, viernes

Sobre las 8,30 estamos poniendo rumbo Noroeste con la primera parada en el mirador de El Time. Yo sigo como ayer, no puedo elevar el brazo más de 20cm así que Angel está obligado a conducir todo el tiempo.

Descendemos una horrible cuesta, como todas aquí que son pronunciadas, con curvas y al final sorteando coches aparcados y cruzando los dedos para no encontrarnos ninguno de frente para comenzar la subida hacia este mirador. Buena carretera pero retorcida y siempre en pendiente.

Desde este mirador se tienen unas espléndidas vistas que abarcan  todo los Llanos de Aridane, los inmensos cultivos de plataneras, el volcán Tajogaite y su colada y el océano. Desde aquí también se emitieron noticias sobre la erupción del volcán. Lástima que la luz es muy mala ya que tenemos el sol de frente y las fotografías que tomamos no son buenas.

Seguimos camino de Porís de la Candelaria. La carretera está en obras y está cortada a intervalos por un semáforo que da paso en sentidos alternativos. Y sigue siendo retorcida y ascendente.

Y llegamos a  Tijarafe. Recuerdo que estuve pensando en  la posibilidad de alojarnos aquí ya que eran casas rurales algo más atractivas que un bungalow o mucho más que un apartamento, pero las curvas que mostraba google map me disuadieron.  Y me alegro de haber tomado esa decisión ya que desde aquí hasta donde nos alojamos ahora hay 40 minutos de conducción que habría que sumar todos los días en nuestros desplazamientos exceptuando aquellos, como hoy o el domingo  que viene, que dirigiéndonos al noroeste de la isla circularíamos por aquí. Me alegro de mi decisión ya que el actual alojamiento es tranquilo, agradable, goza de unas espectaculares vistas y además su situación es estratégica para movernos por toda la isla.

Desde Tijarafe parte la carretera que nos acercaría a Porís de la Candelaria. El navegador nos indica una calle por la que nos metemos y comienza un fuerte descenso que luego se suaviza algo, por lo que continuamos. Pero en un momento determinado, este descenso, en línea recta, se hace mucho más pronunciado y la carretera se estrecha, por lo que Angel se detiene y dice que no le gusta. Preguntamos a una señora y nos confirma que por ahí se baja y se puede bajar y que de hecho, dice textualmente que “da miedo los coches que bajan por aquí” así que pensando que otros lo hacían y que nuestro hijo David también lo había hecho, nos lanzamos.

Pero aquello empeoró considerablemente, con curvas que cambiaban de sentido y un tamaño que únicamente permitía el paso de un solo turismo, y no exagero nada. Pasamos entre dos plantaciones de plataneras y Angel me comentó que le sudaban las manos. Frente a nosotros se abría una estrecha carretera, con curvas que cambiaban de sentido y el mar al fondo. Me daba la impresión de que podíamos salir volando, así que justo después de las plataneras y cuando habíamos hecho la mitad del camino, dos kilómetros, decidimos darnos la vuelta ya que aquí podíamos y posiblemente si seguíamos nos arriesgábamos a no poder hacerlo. Nos vimos obligados.

Llegados a un punto donde se inicia un ascenso pronunciado en línea recta con una pendiente del 30% por donde habíamos descendido, el navegador nos indica una pista forestal que sale a nuestra izquierda, estrecha, pero al menos  dejamos atrás esa tremenda pendiente. Y no soy capaz de recordar si en este punto hay alguna señal de prohibición que obliga a ir por la pista. Y sin mayores dificultades que ir despacio, retomamos la carretera.

Cuando hablamos con nuestro hijo nos dijo que ellos habían llegado por barco. Entonces, en una época cercana a la pandemia, la excursión fue barata. Ahora, superaba los 60 euros por persona y la vendían con el atractivo de ver delfines. Y nosotros, hemos visto ya bastantes así que no nos seducía la idea de andar navegando en busca de estos  maravillosos mamíferos en un barco lleno de guiris.

Yo no quería abandonar la idea de ver Porís, por lo que dije a Angel que preguntáramos  a alguien si nos quería bajar, abonando claro está, el importe correspondiente, pero no tuvimos oportunidad, no vimos a nadie así que decidimos continuar nuestro camino hacia el Norte, hacia Puntagorda. Pero se sumó otra dificultad: la carretera estaba cortada por obras un poco antes de esta localidad por lo que el navegador nos desvía por otra secundaria, retorcida y estrecha que nos lleva dando mucha vuelta. Bonita, pero incómoda. Y añadimos que el navegador nos confunde más de una vez, obligándonos a dar la vuelta y a reorientarnos.

Habíamos decidido ir a Las Tricias, a un bosque de dragos que nos cuesta localizar. Y mucho. Pero insistimos ya que aquí se encuentra la mayor concentración de dragos de todo el archipiélago canario.


Leyendo relatos descendemos en dirección Buracas, como no, por una carretera estrecha y con fuerte pendiente. Luego seguimos una indicación de “museo del gofio” hasta llegar a donde el relato nos indicaba. Únicamente hay tres sitios para aparcar y por suerte teníamos uno, así que dejamos el coche a un lado de la estrecha carretera y caminando hacia atrás llegamos a la marquesina de una parada de autobús (¡madre mía que por aquí vienen autobuses!), atravesamos unas casas por una pista ancha, hasta que una señal nos indica un camino de piedras que desciende pronunciadamente,(qué novedad)  hacia este bosque que se encuentra en un barranco.

Y vamos encontrando dragos, algunos de un gran porte. No habíamos visto nunca tantos dragos juntos. No se trata de la idea que tenemos de un bosque, de unos pegados a otros. Están en grupos de dos o tres, pero merece la pena descender hasta aquí. Hay casas rústicas a derecha e izquierda de esta senda que continúa en pronunciado descenso hasta unas cuevas  a las que nosotros decidimos no llegar. A parte de acusar el esfuerzo del día de ayer, el calor no ayuda, así que penosamente, muy penosamente, ascendimos.

Antes de coger el coche nos acercamos al museo del Gofio al que no entramos. Nos asomamos a un mirador y regresamos por donde habíamos venido. En nuestro ascenso, lento, nos topamos en una curva con una loca que venía de frente y que frenó tan bruscamente al vernos, que sus neumáticos desprendieron humo. Pese a que conducía muy rápido, como hemos observado en muchos, tuvo buenos reflejos …y buenos frenos, porque si no, se empotra. Comprendo que estas carreteras son desesperantes alcanzando unas velocidades medias muy bajas, pero es que por seguridad no se pueden alcanzar mayores. A los lugareños les deben resultar pesadas y aburridas y…les dan algo de emoción. Pero a nosotros…nos provocan sustos.

Y continuamos hasta Garafía, que dicho sea de paso parece un municipio aburrido y sin mayor interés, para allí, dar la vuelta e iniciar el regreso a casa. Encontramos en nuestro camino en un bosque de pinos un lugar con un banco y mesa para comer y dadas las horas, decidimos hacerlo. Así que sacamos nuestra ensalada de mercadona, y nos hicimos unos buenos bocadillos de jamón y chorizo que acompañamos con esta ensalada.  Nos resulta mucho más cómodo hacer esto que pensar en buscar y encontrar un restaurante abierto desconociendo la hora a las que podríamos comer.

De nuevo en el coche y en la carretera principal en dirección al Sur pasando por Puntagorda,  nos encontramos un cartel que avisaba de las horas y los días de los cortes  de tráfico. Hoy, hasta la 16 no se abría y tan solo son las 14,30, pero luego los fines de semana estaba abierta, así que hemos tenido suerte ya que el domingo tenemos que subir al Roque de los Muchachos, al observatorio astronómico, así que evitaremos hacer esta carretera que no tenemos más remedio que tomar ahora de regreso. Y añado que en el google maps figura ahora siempre cerrada.

Y se nos hizo de noche ya que cerca de Los Llanos, nos detuvimos en un “chino” a comprar un cable para cargar la Tablet ya que el que llevaba parecía no hacerlo y un soporte para el teléfono móvil que era lo que utilizábamos como navegador. Tuvimos la suerte de encontrar ambas cosas.

Hoy no pude disfrutar de la puesta de sol, y lo lamenté. Sería el único día de todos.

Y seguí pensando en visitar Porís de la Candelaria. Sería una pena abandonar la isla sin conocerlo y aquí seguramente no íbamos a volver así que trastee con el teléfono. Y causalmente encontré un taxi que hacía el servicio desde Tijarafe hasta Porís de la Candelaria ida y vuelta. Bajaba, y después de 1 hora, nos recogía. Me puse en contacto con ella por watsapp y por teléfono. Jesi (618309349) hace ese servicio por 50 euros, algo caro si se piensa que son 4 km (8 ida y vuelta) pero no lo es si se piensa en la tranquilidad que se gana. En principio solicité el servicio para  el domingo por la tarde cuando volviéramos del Roque de los Muchachos, pero nos dijo que en fin de semana no trabajaba así que lo aplazamos al lunes. Ya veríamos como completar el día y si había alguien más interesado que se uniera para compartir los gastos.

De nuevo cenamos y nos acostamos a la “hora peninsular”, hora de “pollos” allí.

1 DE NOVIEMBRE, sábado

De nuevo, a parte de despertarnos como siempre varias veces, la definitiva es sobre las 6,30 o 7 (7,30 u 8 en la península) así que esperamos a que el día empiece a clarear nos levantamos e igualmente sobre las 8 y poco estamos ya en el coche poniendo rumbo esta vez a la costa Este de la Isla.

Nuestro destino inicial era el bosque de los Tilos, a ver una hermosa cascada dentro de un bosque de laurisilva.

En nuestro camino dejamos el aparcamiento del Cubo de la Galga, bastante lleno, otro lugar que queremos visitar, y el mirador del Tendal desde donde podemos ver la cueva del Tendal, donde vivieron los  benahoaritas, antiguos habitantes de la isla de La Palma, y cuyos 60 metros y 16 cavidades albergan reliquias, semillas y objetos cotidianos.

Por una estrecha carretera nos introducimos en el barranco del agua que nos lleva a este espacio natural único en las islas. Es uno de los pocos reductos mundiales de laurisilva, un bosque primitivo y frondoso de árboles de hoja ancha que hace millones de años abundaba en el planeta.  Una buena idea es tener personas en estos lugares que regulan el tráfico e informan al visitante. En este bosque de los Tilos también encontramos uno que nos dice donde aparcar y donde se encuentra la cascada.

Parece que el aparcamiento superior, donde hay un restaurante, está casi completo, así que dejamos el coche abajo, pero también más cerca de la cascada, a tan solo 10’ andando. El camino sale de la misma carretera junto a este aparcamiento.


Caminamos por unas pasarelas que se abren paso por un bosque húmedo y umbrío sumergidos en una exuberante vegetación   de árboles, arbustos y helechos. 

El agua acompaña nuestro camino hasta llegar al lugar desde donde se descuelga una hermosa cascada. No tiene mucho caudal pero se precipita unos 10 metros hasta el suelo. Y como es sábado encontramos gente.

Ahora ponemos rumbo hasta las piscinas de la Fajana, en el punto más Noreste de la isla. Junto al mar han aprovechado para hacer  tres piscinas naturales de suelo rocoso  adaptadas para el baño y protegidas de los envites de las olas que hoy están algo fuertes. Allí vemos disfrutar a la gente de un buen baño, y por cómo se mueven, no parece que el agua esté muy fría. La temperatura exterior invita también al chapuzón.

Rumbo al Charco Azul, otras piscinas naturales en la costa Oeste un poco más hacia el Sur. Este lugar es similar al anterior pero con menos encanto. Y descubrimos un área para autocaravanas donde hay varias, algunas grandes y de otros países. Sinceramente, no encontramos atractivo a moverse por aquí en estos vehículos. Solo se cabe por las carreteras principales por lo que los desplazamientos están muy limitados.

Seguimos ahora en dirección a Santa Cruz de la Palma y hacemos una breve parada en San Andrés y Sauces descubriendo un lugar muy hermoso y con mucha identidad.

En sus empedradas calles encontramos centenarias y coloridas casas muy hermosas en las que se abren balconadas de madera y una preciosa plaza que rodea la iglesia. 

El centro del pueblo gira en torno a ella y esta plaza es un conjunto casi único en la isla. Nos dejamos perder un poco, porque el sitio es pequeño, pero conseguimos saborear algo la esencia. Las pequeñas plantaciones de plataneras están integradas en el interior del casco y se alternan con las casas, lo que hace más delicioso nuestro corto paseo.


Y ahora, como nos da tiempo, decidimos acercarnos al Cubo de la Galga  en el Parque Natural de las Nieves, primera Reserva de la Biosfera de La Palma, declarada por la Unesco en 1983; aquí se localiza uno de los mejores ejemplos de laurisilva del mundo, igual que Los Tilos.

Al llegar al pequeño aparcamiento tenemos suerte y encontramos sitio. A las 14 horas comenzamos una ruta  autoguiada y sencilla de tan solo 2,5 km ida (5 km en total) por un camino ancho y sencillo que al principio está asfaltado, pero en ascenso continuo, suave, que no cesa por lo que a estas horas ya, se nos hace algo penoso.

Nos internamos poco a poco en esta selva primitiva superviviente de la Era Terciaria. Es un bosque encantado que podría ser el escenario de cualquier película de ciencia ficción. Sumergidos en este espacio selvático, la luz se atenúa y casi no llega al fondo. En algunos tramos el bosque se espesa y se hace oscuro. 

Según avanzamos vamos caminando  bajo una bóveda vegetal rodeados de loros, tilos, sanguinos, viñatigos, acebiños, helechos gigantes….y otras especies vegetales muchas de ellas endémicas y desaparecidas hace miles de años de otros lugares de la tierra …y estamos prácticamente solos.

Seguimos ascendiendo sin parar hasta llegar a una zona muy umbría, con mucha humedad  y rodeados de helechos gigantes. Es el llamado Jardín de los helechos, donde la altura de especies de esta clase de plantas supera en muchas zonas la altura de una persona.  

Ahora ya, y por fin, podemos descender.  Y el regreso se nos hace menos penoso. Y  en el aparcamiento y siendo las 15,15 decidimos disfrutar de una ensaladilla rusa de “Mercadona” y unos buenos bocadillos de jamón con chorizo que fueron la envidia de una pareja de alemanes que únicamente comieron unas galletas “Digestive” y un triste plátano. Eso…no puede ser bueno.

Ahora ya nos quedaba únicamente regresar  a casa, pero el frigorífico estaba medio vacío y mañana era domingo así que nos adentramos en la capital en busca de un supermercado que habíamos localizado a través del Smartphone y donde nos surtimos de todo lo necesario…e incluso algo más.

Y siendo tarde ya y cansados, iniciamos el regreso atravesando una vez más, estos inmensos campos de lava que el Tajogaite dejó.


Ya en nuestra casa, y como todos los días, la noche nos fue abrazando y el cielo apareció limpio y estrellado. Lo admirábamos todas las noches. Lástima que había luna creciente y ya avanzada, lo que nos impedía disfrutar de un cielo sin luz y de las estrellas que lo colmaban. La Palma posee uno de los cielos más limpios del mundo. Y tengo que añadir, que aprovechamos alguno de nuestros “despertares nocturnos” para salir a la terraza y poder disfrutar de este maravilloso cielo.

2 DE NOVIEMBRE, domingo

Hoy teníamos cita a las 11 horas para visitar uno de los telescopios  que existen en el Roque de los muchachos. La había reservado y abonado (20 euros por persona) con un mes de antelación. https://www.adastralapalma.com/tours-es/visitas-observatorio/.

Como la carretera no estaba cortada llegamos una hora antes de los previsto al punto de encuentro en el centro de visitantes. Pululamos por allí viendo como los observatorios  de distintas formas y tamaños estaban sembrados por toda la ladera. Desde el clásico con cúpula redonda hasta otros que parecían unas antenas parabólicas hechas de pequeños espejos.

Y es que aquí, en el Observatorio del Roque de los  Muchachos al borde del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, a 2.396 m. de altitud, se encuentra una de las baterías de telescopios más completa del mundo.

El cielo  reúne las mejores condiciones para la investigación astronómica y, por ello, está atrayendo a algunos de los telescopios gigantes del futuro así como a la nueva generación de telescopios Cherenkov destinada al estudio del universo en rayos gamma de muy alta energía, que eran los que se asemejaban antenas parabólicas cubiertas de espejos.

Actualmente se encuentra aquí el mayor telescopio óptico e infrarrojo del mundo así como de una veintena de otros telescopios e instrumentos astronómicos para distintos tipos de estudio: observaciones nocturnas, robóticas, Física solar y Astrofísica de Altas Energías. Con estos telescopios se han hecho grandes avances en el estudio del Universo, como la obtención de la galaxia más profunda, de la  más lejana o la confirmación de la existencia de los agujeros negros y de la expansión acelerada del Universo.

A las 11 en punto se forma el grupo y cada uno en su propio vehículo, formamos un comboy que sigue a nuestra guía en dirección al GranTecan, el mayor telescopio óptico e infrarrojo del mundo financiado al 90% por el Gobierno español  y el resto por la Universidad de México y la de Florida.

Nos acercamos a él. No hay nada que lo diferencie  del resto de una veintena de otros telescopios e instrumentos astronómicos para distintos tipos de estudio que pueblan la ladera.

Tras aparcar nos dirigimos al interior donde nos ofrecen un casco y nos muestran un robot que proyectará un audiovideo, pero este robot ha decidido  no funcionar ahora.  Así que tras varios intentos, nuestra guía decide posponerlo y  dirigirnos al telescopio al que accedemos subiendo unas escaleras.

Nos encontramos en una plataforma circular en cuyo centro se encuentra un gigantesco conglomerado de hierros, placas, cables, … que forman este telescopio. Nuestra guía nos ofrece en dos idiomas,  inglés y español, datos sobre él, como que es capaz de llegar a los confines del universo conocido  y que observa la luz visible e infrarroja procedente del espacio.  Nos explica también como está formado y que gira sobre aceite inyectado a presión para que el movimiento no afecte a las imágenes. Nos cuenta que por la mañana son los ingenieros los que trabajan, revisando y por la noche, son los astrofísicos en turnos cortos.  Y estos ingenieros hacen y deshacen diariamente la carretera tortuosa que hemos traído para llegar. 

Para todos, existen una serie de instalaciones (dormitorios diurnos y nocturnos, cocina y comedor, recepción, salas de estar y de juegos, etc.), con objeto de prestar un servicio a todo el personal científico y técnico vinculado al Observatorio que lo precise.

Y tuvimos la gran suerte de ver como giraba la cúpula ya que al parecer había un grupo de personas amigos de uno de los investigadores.


Tras terminar aquí descendimos y entonces el robot quiso funcionar y nos mostró una proyección que observamos con interés, aunque….entendiendo poco. Y fui consciente de lo poco que sé sobre esta área de la ciencia.

Ahora, ya en nuestros vehículos, nos dirigimos a la zona donde se encuentran los telescopios que parecían parabólicas cubiertas de pequeños espejos, los Cherenkov destinados al estudio del universo en rayos gamma de muy alta energía.

Su instalación permite que giren completamente en vertical y horizontal. Los más antiguos estaban formados por espejos cuadrados y en los más modernos son ya hexagonales. Uno de ellos aún estaba en montaje. Y como curiosidad contemplamos nuestra imagen reflejada en los espejos del telescopio, al revés.

Nos fue describiendo la propiedad y el uso de los distintos observatorios que teníamos alrededor de nosotros y  nos comentó que todos los datos que son extraídos por los distintos telescopios se reúnen conformando una especie de puzzle ya que cada uno mide o investiga cosas distintas. Y…me disculpo porque no sé si al describir lo que visité acierto o no, o cometo algún error, pero me reitero en que es una disciplina completamente desconocida para mi.

Aquí dimos por terminada la visita y decidimos subir por la carretera hasta el mirador del Roque donde su aparcamiento a estas horas estaba completo. Menos mal que salió uno y rápidamente fuimos a ocuparlo. Nos asomamos a las impresionantes vistas de la Caldera e hicimos una pequeña senda de piedras hasta otro mirador. Pero allí lo dejamos. Nos afectaba la altura, sobre todo a Angel que comentó que no se encontraba muy bien. Así que un poco preocupada iniciamos el regreso hasta el aparcamiento.

Ahora ya comenzamos el descenso por la carretera que nos dirige a la capital, hasta Santa Cruz de la Palma. Y más de lo mismo, carretera buena, pero tortuosa así que cuando quisimos llegar al restaurante “Chipi Chipi” que nos habían recomendado,  eran cerca de las 15 horas y, una vez allí, no encontrábamos sitio para aparcar aunque al final lo conseguimos.

El restaurante estaba casi completo y de los distintos espacios que tiene (dos terrazas, un comedor cerrado y una zona muy original con cubículos con grandes ventanas donde cabía una gran mesa con sus sillas) nos dieron  mesa en el que tenía menor encanto. Pero, no había otra cosa. Pedimos queso asado con salsa verde, papas con mojo rojo y Angel bacalao que estaba exquisito. Yo inicialmente pedí cabra, pero no quedaba así que me tuve que conformar con unas costillas de cerdo que si estaban buenas, no era lo que yo había querido.  El queso asado, curioso su sabor y su textura. Me gustó. Y el postre de la casa, una especie de tiramisú, con nueces, cremoso y suave estuvo delicioso.

Cuando salimos eran ya las 16,30 horas y a las 17 o 17,30 como muy tarde, deberíamos iniciar el regreso para evitar que la noche nos cubriera por estas retorcidas carreteras, así que decidimos no visitar la ciudad y dejarlo para otro día.

Ya cerca de nuestro bungaló decidí parar en una glorieta cerca de Los Llanos para charlar con alguien de la tierra  que hubiera vivido de cerca la erupción. Encontré un pobre señor que descargaba algo y pidiéndole disculpas le pregunté sobre lo vivido. Fue uno de los afectados por el volcán. Nos dijo que iban evacuando sobre la marcha en función de la actividad del volcán. Que él salió con lo puesto y que cree que sabían de la erupción antes de que se produjera. Nos señaló un edificio frente a nosotros al que no habíamos prestado mucha atención y vimos que la lava había  arrasado con la mitad por lo que tenían que derruirlo y llamó nuestra atención sobre los cristales saltados por el calor de la lava. Su cara cambió cuando hizo esta afirmación terminando nuestra conversación:  “era el diablo escupiendo el infierno”. 

Después de agradecerle su atención y disculparnos por hacerle recordar tan malos momentos, continuamos hasta nuestra casa. Para mi resultó una charla muy interesante. Me encanta hablar con la gente del lugar.

De nuevo disfrutamos de otra hermosa puesta de sol, cena y pronto a descansar

3 DE NOVIEMBRE, lunes

Hoy estaba prevista nuestra excursión a Porís de la Candelaria. Salimos pronto de casa y llegamos a Tijarafe una media hora antes de la acordada. Nuestra conductora lo haría puntualmente.

Iniciamos con ella y completamente relajados, el descenso durante el cual no dejamos de mantener una distendida conversación. Durante la misma, nos comentó que el problema era cruzarse con otro vehículo y ponerse nervioso perdiendo el control de la situación. Nos dijo que el mismo día que intentamos bajar hubo un incidente serio. Al parecer al cruzarse dos turismos, el coche que ascendía se detuvo y cuando inició la marcha comenzó a derrapar (fácil dada la pendiente) y a la vez, se ladeo quedando una rueda colgando por lo que tuvo que bajar una grúa para levantar el coche y recolocarlo en la carretera.


Ella, sabe dónde ha de detenerse cuando ve otro vehículo, y qué hacer y sobre todo, mantener la calma lo que parece difícil. Dice que ha visto muchas parejas discutir y otros bloquearse por el miedo y que no es la primera vez que la llaman para sacar a alguien de un apuro similar.

Así que agradeciendo la tranquilidad con que descendimos, nos depositó en el segundo aparcamiento citándonos para una hora después.

Nosotros iniciamos el camino de bajada por una senda empedrada y estrecha y, como no, también empinada. Ibamos solos. Antes de llegar, nos cruzamos con la única persona que parecía habitar hoy este peculiar sitio. A nuestra izquierda íbamos siempre acompañados por el acantilado y el azul añil del océano.

Y tras un giro a la derecha, comenzamos a descubrir este singular lugar, un pequeño pueblo construido en una cueva de unos 50 m de altura. Inicialmente fue in sitio donde dejar los instrumentos de pesca pero posteriormente se fueron haciendo las viviendas.

Fue construido hace más de un siglo y se caracteriza por sus casas blancas adosadas a la roca volcánica y es utilizado hoy en día principalmente como segunda residencia para veranear.

Al margen de que el sitio era singular, también poseía una gran belleza: pequeñas casitas blancas adosadas a la roca volcánica negra con puertas y ventadas pintadas en tono azul añil dispuestas  siguiendo la forma casi semicircular de la cueva. Y no había nadie. Eso era un atractivo añadido. Las olas no dejaban de batir pausadamente y era el único sonido que acompañó nuestro breve paseo. Realmente el sitio era mágico, pero como lo hemos disfrutado hoy:  sin gente.

Nos resistíamos a abandonar este lugar tan bello y singular, pero la hora de recogida se acercaba. Ya cuando subíamos nos cruzamos con algún pequeño grupo de personas. ¡Qué bien está madrugar y disfrutar de estos lugares mientras los demás lo hacen de su descanso!.

A la hora acordada nos vino a buscar Jesi. Como no había cobertura está obligada a subir y luego bajar para recogernos. Encantadora y atenta en todo momento y conversando amigablemente, llegamos arriba despidiéndonos de este viaje tan singular, y ahora, tan relajado. 50 euros es un precio caro para 8 kilómetros de trayecto, pero no lo es si se piensa en la dificultad que entrañan estos kilómetros. A mi juicio, la tranquilidad lo vale.

Nos organizamos para lo que nos quedaba del día que a las 11,30 era mucho.

Pusimos rumbo a Puerto Naos y desde un mirador observamos la caída de la colada de lava del Tajogaite hacia el mar. Regresamos ya que no encontramos mayor atractivo que ser un sitio de veraneo típico. Y en nuestro camino seguimos viendo carreteras en obras que pasaban por encima de la colada y en un momento determinado pudimos observar un espectáculo que nos resultó muy cómico: una máquina pesada atravesando la carretera y para que no dañara con sus cadenas el asfalto unos operarios iban colocando enormes neumáticos que amortiguaban su paso. Como dijo Angel “tecnología punta”.

El siguiente destino fue el Mirador del Tajogaite, que veíamos cada vez que regresábamos a casa ya que estaba en nuestro camino. Pero esta vez nos detuvimos para disfrutarlo con tranquilidad. Desde aquí se emitieron muchas noticias durante la erupción.

Y ahora un experimento. Guiada por mi insaciable curiosidad (espero que no se me acabe y que tampoco me meta en demasiados problemas) había visto otro “punto” en Google Maps en medio de la nada descrito como “mirador oficial del volcán de Tajogaite”.

Señalado en el navegador iniciamos el camino pero  una y otra vez pretendía atajar introduciéndonos por callejucas que ascendían vertiginosamente. Ya habíamos aprendido, así que no hacíamos caso y seguíamos hasta llegar a alguna carretera o calle de ancho y trazado más adecuado.

Así seguimos por la LP-3 hasta tomar a nuestra derecha y  después de la gasolinera DISA,  la LP 212 o carretera San Nicolás.  La fuimos siguiendo acercándonos al volcán hasta comenzar a ver ceniza volcánica que cubría todo hasta llegar al final a un aparcamiento solitario donde unas vallas cortaban el paso. Vimos un grupo de personas que regresaba caminando y las pregunté si merecía la pena acercarnos más y nos dijeron que sí, y que llegáramos hasta el mirador por un camino que salía a nuestra derecha.

Así que continuamos andando por la carretera hasta toparnos con un camión de bomberos del Cabildo y una valla,  y lo que nos resultó más impresionante: un muro de lava de unos 10 metros de altura. Junto a él dos viviendas unifamiliares que parecían haberse salvado de la furia del volcán.

Tomamos el camino en descenso y comenzamos a  contemplar un paisaje sobrecogedor: circulábamos paralelos a la colada de lava que escupió el volcán y que teníamos a nuestra izquierda. 

Muy de cerca vimos como había ido arrasando a su paso con todo lo que tenía por delante. Al borde de este río de desolación había pinos vivos junto a otros muertos, tumbados.  Nuestros ojos descendieron con la lava hasta el mar y en medio pudimos contemplar el lugar donde se encontraban los bungalós.  Al otro lado de nuestro camino un manto de  ceniza negra cubría la tierra entre la que pequeños golpes de color verde de vegetación que solo es capaz de sobrevivir en este sitio tan inhóspito, rompían el gris.

Nuestros ojos podían abarcar desde el mismo volcán, recorriendo toda la colada en su descenso hasta perderse en su caída hacia el mar. Es…de una belleza especial y sobrecogedora porque hemos sido testigos, aunque en la distancia, del dolor y desolación que ha causado la formación de este paisaje. Y sobrecoge también por la enorme fuerza que puede desatar la naturaleza ante la que nada puede interponerse.

El Tajogaite entró en erupción en septiembre de 2021 (hasta diciembre) y sepultó las localidades de Todoque, El Paraíso y parte de La Laguna y Las Norias. Esta colada de lava de 68,8 km de longitud modeló radicalmente el paisaje del Valle de Aridane.

Enterró bajo ella 1.218 hectáreas, incluidas 1.345 casas, 370 hectáreas de tierra cultivada y 73,8 kilómetros de carreteras, y provocó el crecimiento de la isla en 47 hectáreas con una "fajana".

Entablamos conversación con un grupo de personas entre las que iba una cuya madre tenía su casa cercana. Y nos comentó que lo que más le aterrorizaba era el ruido que no cesaba durante las 24 horas, un ruido procedente de las entrañas de la tierra, un ruido estremecedor…En fin, él comentó que se llevaron a su madre porque ella no percibía el peligro. También nos explicó porque había gente que permanecía viviendo aún en las viviendas prefabricadas y según él era gente que no las tenía “legalizadas”. Eran cuadras, almacenes o viviendas antiguas que a lo largo de los años se han ido ampliando, reformando y convirtiéndolas en otros usos sin dejar constancia en ningún papel, o sencillamente carecían de papeles que demostraran lo que había o tenían y también viviendas que no tenían ningún tipo de seguro contratado.  Esto fue negado por otra persona con la que al regreso mantuvimos otra conversación.


Deshicimos el camino e inicié otra conversación con el personal del camión del Cabildo de prevención de incendios quien nos aportó información muy valiosa. Aunque contradijo a la anterior sobre el motivo por el que aún había personas viviendo en prefabricadas, -según él los que más tenían había cobrado ya sus indemnizaciones-  nos dijo  que sabían perfectamente por donde iba a “romper” (salir la posible erupción) que antes había habido terremotos apenas perceptibles, pero cuando se desató el “enjambre” comenzaron a sospechar. Y que “rompe” por las zonas más “débiles”.  Había tres posibles: una en los Llanos, otra, esta,  donde “rompió”, y la tercera en el volcán Teneguia y San Antonio donde no habría causado los estragos que causó aquí.  Nos dijo que  hubo gente que se fue antes de comenzar la erupción por lo que sospecha que tendrían fuentes de información. Que el mismo día de la erupción los perros que llevaron a cazar a la zona se negaban a salir de los vehículos, y cuando los forzaban, volvían a subir a ellos y que él, que tenía pájaros, por la mañana estaban volando enloquecidos. Para finalizar nos dijo que mucha gente mayor de 60 años había cobrado sus indemnizaciones y habían marchado. No tenían ganas de empezar todo de nuevo.

En fin, el lado humano de este extraño turismo que hacíamos y que a mi siempre me gusta descubrir.

Fue un descubrimiento único y que no aparece en ningún sitio. La única información que encontré cuando buscaba acercarme a este volcán se  refería a visitas guiadas,  previo abono de su importe y que consistían en caminar varios kilómetros, no recuerdo si 12 y me parecían muchos para nosotros por lo que ni lo intenté. Esto, como he dicho, fue un hallazgo  casual de mi curiosidad.

Pudimos comprobar que más gente lo hacía, que venía algún taxi con turistas que se acercaban a este lugar. Supongo que en pocos años decidirán explotarlo y…perderá este encanto del que nosotros disfrutamos casi en soledad. Y como era ya la hora de comer, regresamos a nuestra casa y pasamos la tarde dormitando, leyendo, escribiendo…hasta disfrutar una vez más del espectáculo de la hermosa puesta de sol sobre el Atlántico y después dejamos ya que la noche nos cubriera.


4 DE NOVIEMBRE, martes.

Hoy ya, nuestro último día, nos dirigimos a Santa Cruz de la Palma, a la capital y lo hicimos por el Sur, recorriendo el contorno de la isla. Buena carretera y sin tanto “retorcimiento” como la que atraviesa el interior. Circulamos casi solos, nada que ver que la otra carretera que atraviesa de Isla de Este a Oeste, aunque hay que añadir que ésta es menos atractiva.

Nuestra primera parada fue en la playa de los Cancajos. Aquí estuvimos 40 años atrás pero no la reconocíamos. Es un lugar de turismo de playa, edificios de hoteles, apartamentos, negocios de restauración etc., nada especial. Nos asomamos al mar y a nuestra izquierda se recortaba la cercana ciudad de Santa Cruz de la Palma, a donde nos dirigíamos ahora.

Y muchos problemas para aparcar. Casi al final de la calle que da al paseo marítimo encontramos el hueco que un turismo dejaba en el momento. Casualidad.


Tomamos una calle paralela a donde aparcamos y  nos dirigimos al casco histórico de la ciudad, encontrando primero el Castillo de Santa Catalina, pequeño, casi parecía un juguetillo y que representa la defensa férrea de la isla ante los ataques piratas que ésta sufrió.

Dejándolo atrás nos adentramos en la Calle Real, centro neurálgico de la ciudad.  Se trata de la calle principal adoquinada en gran parte y que aglutina los principales comercios, plazas, casonas con hermosas balconadas de madera  y edificios de interés.  

 Continuamos nuestro camino hasta  el mercado de La Recoba muy pequeño también pero coqueto con una enorme claraboya que filtraba la luz y levantado sobre una antigua casa hospitalaria. De allí a la Iglesia Matriz de El Salvador, con un interior con techos artesonados de madera que son una belleza.


En el exterior, la plaza de España, también pequeña pero coqueta  considerada como el mejor conjunto renacentista del archipiélago  y de nuevo retomamos la calle real.

Por una pequeña perpendicular salimos al paseo marítimo que guarda el precioso conjunto de los balcones de la avenida  Marítima,  un sitio imprescindible, además de hermoso, de lo más colorido y repleto de flores. Las balconadas de madera están pintadas de vivos colores: azul, verde, rojo…que ahora a la luz del sol, se mostraban más intensos. .

De regreso nos topamos con el Museo Naval del Barco de la Virgen que se encuentra en una reproducción de la Nao Santa María, con la que Colón hizo su primer viaje a América. Todo un símbolo de la capital palmera y que decidimos no visitar.

Y dimos por terminada nuestra incursión por la capital para regresar a casa a comer, descansar y disfrutar, por último día, de la espectacular y maravillosa puesta de sol. 

Ante nosotros se abría el océano atlántico hoy sereno, tranquilo, como balsa de aceite. El sol, comienza a caer e ilumina justo debajo de él hasta convertir este azul en blanco plata. No me canso de disfrutar de este espectáculo. Silencio, paz, pajarillos…un remanso de paz y serenidad. Un lugar apartado del ruido, rodeado de vegetación exuberante donde recuperarse del día.

3 DE NOVIEMBRE, miércoles.

El día de nuestra partida coincidimos al salir con los dueños, una pareja  belga muy joven que venían pertrechados para limpiar. Les agradecimos su hospitalidad y les preguntamos cómo habían vivido la erupción. Nos dijeron que durante tres años habían estado cerrados. No tenían agua y muchas plantas murieron y les tuvieron que hacer una carretera de acceso. Ahora parece que se estaban recuperando aunque cuando Angel les sugirió que en vez de poner vino de La Rioja de bienvenida, mejor  sería vino de la tierra, ella respondió  de forma muy espontánea que era muy caro, que una botella costaba 10 euros. Bueno. Lo importante es la intención y comprendo que ahora comienzan un poco a respirar. De hecho, no he mencionado que tienen una bonita piscina de tamaño más que adecuado y con vistas al volcán y a la colada que hasta hace poco ha estado vacía, pero que ya la tienen en funcionamiento disponiendo de hamacas y sombrillas alrededor que estaban reponiendo.

Sobre las 12 llegamos al aeropuerto y dejamos nuestro coche. Ni lo miraron. Un poco justos de tiempo, comenzamos con el embarque y con un poco de retraso partimos hacia Madrid donde nos recibió la lluvia y el mal tiempo.

Y para terminar, en el avión comenzó una complicación. El viajero de la butaca junto a mi sostenía un teléfono móvil cuya pantalla parecía congelada.  Al rato con algún comentario, me dijo que se le había “muerto” y un poco después me pidió si yo sería tan amable de dejarle hacer una llamada a lo que accedí, pero sin soltar mi teléfono en ningún momento. Yo marqué  y el mantuvo su conversación con su amigo que pude oir perfectamente. Pero Angel es muy desconfiado aunque al margen de esto, este mundo cada vez nos parece más hostil, así que buscamos en google el número de teléfono y aparecía un libro, lo que nos extrañó. Al encontrar a este señor en los baños Angel le preguntó que a quien había llamado y el hombre sin comprender la pregunta, respondió que a su amigo al que volvimos a llamar. Este  tampoco entendía lo que le preguntábamos y cuando le dijo Angel que el teléfono correspondía a un libro dijo que no sabía de qué le hablábamos, que era su teléfono personal. Fue una situación violenta para todos y vista con la perspectiva del tiempo, algo absurda porque ninguno comprendíamos que estaba pasando. El señor del avión nos mostró su DNI y nos dijo que si queríamos íbamos a la policía, lo que no hicimos, pero ya nos quedamos inquietos hasta el día siguiente. No pasó  nada de nada y después comprendimos que el número que aparecía en google era el de registro de un libro. Malos tiempos estos que nos hacen recelar de alguien que nos pide ayuda. Mañana podemos necesitarla nosotros.

Pero ahí no acabaron nuestros problemas. Pedimos un taxi  y buscamos la salida según las indicaciones que nos aparecía en la aplicación de la plataforma para dirigirnos al punto de recogida. Pero no supimos que en realidad estábamos en la T4…SATELITE con lo cual siguiendo las señales de salida llegamos al tren que indicaba las otras terminales y pensamos que por ahí no era. Y regresamos sobre nuestros pasos. Pero, para nuestra perplejidad no encontramos ascensores, ni escaleras mecánicas, como si no hubiera posibilidad de otro camino pero vimos que en los pisos superiores parecía haber “vida” así que decididos,  iniciamos el ascenso de cuatro pisos con la maleta en la mano. Al llegar arriba….las señales nos enviaban de nuevo hacia abajo y nos encontramos frente al tren, de nuevo. En la casilla de salida. Y qué desesperación. Preguntamos y, o no nos entendían, o no sabían. En un momento determinado me fijé y vi que ponía dirección T4 así que tomamos el tren. Y a su salida las instrucciones del Smartphone que nos indicaban el punto de recogida coincidían con lo que teníamos frente a nosotros. Pero cuando llegamos no estaban esperándonos y un conductor al mirar el móvil nos dijo que se había cancelado nuestro servicio, así que tuvimos que pedir otro y esperar su llegada lo que ocurrió en poco tiempo. Luego el conductor nos dijo que si el pasajero en unos minutos no aparece, se tienen que ir porque si no les cobran el aparcamiento. Y eso debió  de ser lo que sucedió mientras que andábamos perdidos por la T4…Satélite.

Y sin mayores problemas que algún atasco debido a la lluvia y por lo que el viaje nos salió bastante más caro de lo habitual, llegamos a casa.

A una semana de nuestro regreso tengo los resultados de la ecografía que indican que no ha habido rotura de nada. Ya tenía un tendón roto en el hombro y otro a medio. Ahora la rotura de este segundo era un poco mayor, pero nada relevante, así que con tiempo y rehabilitación, espero regresar a mi vida normal.


Mª Angeles del Valle Blázquez
Boadilla del Monte, Noviembre de 2018